Concluida la conferencia política del PSOE, clausurada la aclamación de Zapatero como líder de los socialistas, es momento de hacer balance. Y el balance es sencillo: mucho efectismo y poco contenido. Por el momento han cambiado el envoltorio, pero el caramelo tiene el mismo sabor y la misma textura.
Nuevas músicas, nueva imagen, nuevo escenario, nuevo estilo. En definitiva un cambio sustancial del escaparate, pero la mercancía sigue siendo la misma. Lo ha dicho el propio Zapatero, cuando en un juego de palabras se ha preguntado: “¿Socialismo nuevo?”. Y ha respondido: “No, sencillamente, de nuevo socialismo”. Es decir, Zapatero mantiene las mismas raíces, los mismos contenidos; aunque las maneras han caminado. En otro momento de claro “efectismo Zapatero”, el secretario general de los socialistas ha enseñado el nuevo carné del PSOE. Y ha añadido: “Carné nuevo, sí; pero con las raíces del socialismo de siempre”.
Es cierto que hay quien puede decir que ese es el cambio tranquilo prometido hace un año. Un cambio sin traumas, sin heridas, sin vencidos, pero efectivo. Y en la apariencia, así lo parece. El auditorio del Palacio de Congresos del Campo de las Naciones de Madrid nada tenia que ver al de hace un año. Un aforo entonces dividido y enfrentado. Ahora, un año después, en la superficie todo eran parabienes y felicitaciones, un año después el PSOE se ha “agarrado” a Zapatero como único líder. Y eso tiene su lado positivo. Pero no puede haber motivos para el engaño. Zapatero ha pasado el examen interno, todos de puertas adentro le respetan, pero él también tiene que respetar a los demás, no ha podido cambiar ni maneras ni discursos de algunos “barones”, y lo que es mas grave, Zapatero antes de decir lo que piensa en muchas ocasiones tiene que tentarse la ropa, debe tener cuidado de las respuestas a sus propuestas de gente como Ibarra y Maragall.
Zapatero ha cambiado la imagen del PSOE, de acuerdo. Pero todavía no ha puesto orden en el partido y tampoco ha enseñado lo que será la línea de su programa electoral. Conocemos sus dotes mitineros pero no conocemos qué modelo tiene de España, cuáles son sus prioridades de Gobierno, qué estilo tiene para hacer política diaria más allá de las palabras. Es moderado, bien, pero eso no es suficiente. Hay que tener ideas y saberlas exponer. Por el momento seguimos con el efectismo, pero desconocemos los contenidos y Felipe sigue en el horizonte.

Efectismo Zapatero
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