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Palabras, palabras, palabras

La euforia que rezuma el Comunicado Conjunto hecho público tras la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de España y el Reino Unido en Londres hace unas horas exige al lector inadvertido un mínimo de prudencia. Máxime cuando se trata de un documento dirigido a mejorar una relaciones (las hispano-británicas) calificadas de “buenas” que son, como la experiencia demuestra hasta la saciedad, difíciles cuando no mediocres.

En el comunicado se asegura que ambas partes, España y el Reino Unido (conviene subrayar que en el contencioso hay dos partes y no tres, como intentan sugerir los redactores del texto más adelante) “subrayaron su intención y voluntad política de superar todas las diferencias sobre Gibraltar y hacer todos los esfuerzos para concluir estas conversaciones con éxito y rapidez en beneficio de todas las partes implicadas. Ambas partes discutieron sus planteamientos sobre las cuestiones prácticas de cooperación y soberanía. Y añade: “ambos ministros (Piqué y Straw) confirmaron que la implicación gibraltareña será un elemento importante para avanzar en este proceso y saludarían la asistencia del “ministro principal” a ulteriores reuniones ministeriales”. En otoño habrá otra reunión.

En primer lugar, el éxito y la rapidez en la conclusión de unas conversaciones es un pronunciamiento ambiguo. ¿En qué radica el éxito para el ministro británico? Obviamente en que las cosas sigan como están. Para el representante español, debería ser exactamente lo contrario: que se inicie el proceso de descolonización tanta veces pedido por Naciones Unidas y desoído sistemáticamente por el gobierno británico, precisamente porque lo que Londres desea es mantener un statu quo que le beneficia y que beneficia a los gibraltareños.

El objetivo principal de España es precisamente que el proceso de descolonización se inicie. No hay referencia alguna en el comunicado a esta obviedad. La abstrusa y confusa descripción de que ambos ministros discutieron sobre cuestiones prácticas de cooperación y soberanía nos deja como estábamos: para España no hay discusión posible sobre la soberanía. Para el Reino Unido, tampoco: todos los intentos de lograr “terceras vías” (condominio, “alquiler a 50 años”, etc) fueron rechazados tajantemente por los británicos. De ese odre no saldrá más vino.

Pero hay un tema que conviene resaltar porque esconde una gran mentira: se sugiere que el ministro principal de Gibraltar asista a las reuniones ministeriales. Sucede que esta sugerencia ha sido rechazada permanentemente por el ministro en cuestión porque deseaba convertir su presencia en una parte de la negociación, con idénticos derechos que las dos partes del contencioso.

Así, por arte de birlibirloque, los gibraltareños se convertirían en negociadores con España pero separados del Reino Unido, con entidad e identidad propias, algo que buscan desde hace más de cincuenta años. Cuesta trabajo creer que el ministro Piqué no haya advertido la trampa. A las reuniones hispano-británicas sobre Gibraltar asiste por parte española el presidente de Municipios del Campo de Gibraltar. Y los gibraltareños se han negado sistematicamente a formar de la delegación británica como sus vecinos españoles, querían rancho aparte. Si ahora lo han logrado y en la mesa de negociaciones hay tres partes o delegaciones y no dos, el retroceso para la posición española es gravísima. Convendría, pués, que el señor Piqué aclarara cuanto antes en calidad de qué asistirá el “ministro principal” Caruana a las conversaciones: si como parte de la delegación del Reino Unido o presidiendo una tercera delegación autónoma, la “llanita”.

En cuanto a los avances... ¿Qué tal si, para empezar a discutir el problema del estatuto europeo de “cielos abiertos” (ahí esta la madre del cordero y la razón de la euforia compartida) el gobierno español planteara al británico que asumiera el acuerdo que firmó sobre el uso conjunto del aeropuerto de Gibraltar y que después incumplió porque los gibraltareños lo exigieron? A partir de ese momento podrá hablarse abiertamente de avances. Hasta ahora sólo hay buenas palabras. Palabras, palabras, palabras.

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