Por segundo año consecutivo, la Cámara de Representantes ha aprobado medidas para aliviar las sanciones contra Cuba, pero también ahora se enfrentan a un futuro incierto cuando lleguen al Senado.
Los legisladores siguen muy divididos: si bien hubo una mayoría de 56 votos para eliminar la prohibición de viajar a Cuba, faltaron 26 para poner fin al embargo. La votación de 227 a 201 para mantener el embargo de todas las exportaciones excepto alimentos y medicinas ha de inquietar a los líderes del exilio que ven su apoyo cada vez más escaso, pero ni siquiera es seguro que los norteamericanos puedan viajar a Cuba después del voto de este miércoles: el año pasado, una medida semejante murió en el Senado y otro tanto puede ocurrir ahora.
No se trata tanto de que los senadores sean más partidarios de las sanciones, sino que se trata del proceso legislativo norteamericano: la propuesta para modificar las sanciones contra Cuba es una enmienda dentro de uno de los presupuestos, que tan solo se convierten en ley cuando se armonizan las versiones de la Cámara y del Senado, algo que se logra después de arduas negociaciones en una conferencia de ambas cámaras. En el tira y afloja de concesiones y exigencias, algunas enmiendas quedan fuera del texto final y eso mismo podría volver a ocurrir ahora.
Si no es así y los norteamericanos pueden volar directamente a Cuba, el primer perjudicado económicamente será México, que ha servido de escala para los visitantes norteamericanos que violaban la prohibición de visitar Cuba. En cuanto a Castro, está por ver si los recibirá con los brazos abiertos, tendrá dificultades para controlar un influjo masivo de turistas norteamericanos que, a pocos cientos de kilómetros de distancia, podrían llegar en cantidades mucho mayores que los visitantes de Canadá o Europa y traerían consigo la "contaminación" de ideas y dólares.

Unos turistas incómodos
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