Lo que nos temíamos ha comenzado a pasar. La dinámica política y dialéctica normal entre Gobierno y oposición está derivando en la dirección no deseada, pero, al parecer, inevitable.
El “zambombazo” de Rodrigo Rato en la ya famosa sesión de Control al Gobierno, se está convirtiendo en uno de los gestos más determinantes del curso político que comenzaba el pasado mes de septiembre. La actitud de Rato tiene dos direcciones: por un lado, sus propios compañeros de partido le han dejado sólo ante el peligro Gescartera; por otro, los socialistas, a quienes recuerda que si quieren guerra, la tendrán en todos los sentidos.
Una actitud beligerante del vicepresidente segundo del Gobierno que, entre otras cosas, olvida que un concuñado suyo es uno de los candidatos propuestos para el Tribunal de Cuentas. En este sentido, los socialistas le recuerdan que Jaime González es militante socialista, no es familiar de Rodríguez Zapatero, mientras que él sí coloca a sus familiares cercanos. Lo cierto es que las dos partes se sienten culpables.
Es decir, lo inevitable está pasando, y ahora ya vale todo. Unos y otros se lanzan los trastos a la cabeza sin ningún escrúpulo. Por exclusiva intención de los políticos, están recuperando a marchas forzadas la crispación y el enfrentamiento. Están volviendo a la pelea por la pelea. Un día son amiguetes, otros son concuñados, cuando no los puntos de la Iberia Plus, es decir, un espectáculo lamentable, que no nos lleva a ningún sitio y que deja en evidencia lo rastrero de la vida política.
¿Cuál es el ejemplo que están ofreciendo los políticos? ¿Qué credibilidad pretenden alcanzar? ¿Qué aspiran a enseñar a los ciudadanos? Sinceramente, no interesan las “batallitas” de los políticos, ni las reyertas personales. Sólo se pide a los políticos trabajo y responsabilidad y, por supuesto, que no coloquen a sus amigos ni mucho menos a sus familiares. La política no es un cortijo y, por lo que parece, unos y otros se terminan creyendo que todo les pertenece. ¡Menos mal que las urnas se encargan después de dejar a cada uno en su sitio!

Amiguetes y concuñados
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