José María Aznar ha vuelto al País Vasco. Lo ha hecho después de seis meses. El presidente del Gobierno no estaba en tierras vascas desde el 11 de mayo de 2001, en el cierre de la campaña electoral vasca. La vuelta de Aznar al País Vasco es, pues, una buena noticia; significa recuperar la normalidad.
Parece imprescindible que, para que se consolide una alternativa clara al nacionalismo, el presidente del gobierno mantenga una presencia habitual en el País Vasco, como lo ha hecho en estos cinco años. José María Aznar ha vuelto a sacar a relucir su mejor discurso, y es que el Presidente del Gobierno tiene muy bien interiorizados unos claros mensajes sobre el futuro vasco y sobre las necesidades políticas y sociales.
El mejor Aznar ha vuelto a la palestra, y lo ha hecho en Álava, para insistir que la construcción de una alternativa al nacionalismo sigue adelante. Y advirtiendo que los resultados del 13 de mayo no han provocado que los populares den un paso atrás, sino dos pasos adelante.
El presidente del gobierno ha marcado una inteligente vuelta de tuerca, acusando al nacionalismo de convertir la independencia en un principio democrático intocable cuando, como mucho, se puede considerar un objetivo sólo de partido. Es más, añadía Aznar, el nacionalismo se desliza hacía el radicalismo identificándose con los objetivos del terrorismo.
El presidente del ejecutivo ha utilizado con sabiduría este argumento, poniendo el dedo en la llaga y denunciando precisamente la connivencia de nacionalismo y terrorismo, una connivencia con tintes fundamentalistas. En este punto, Aznar ha incorporado otra buena argumentación. El fundamentalismo es, sobre todo, excluyente; esta exclusión permanente es la forma de entender la vida que mantienen los nacionalistas, porque no saben de opiniones diversas, ni de visiones distintas. El nacionalismo tiende a la uniformidad, y por lo tanto, se desengancha de la pluralidad.
José María Aznar ha entrado de lleno en otra polémica. Ha recordado al PNV que la apuesta por la constitución y el estatuto no se traduce en exclusividad, sino en amplitud e integración. No se ha olvidado tampoco de la contrariedad que ha significado al nacionalismo, que el 11 de septiembre haya transformado el terrorismo en un problema de todos, no en un problema de unos pocos.
José María Aznar, en su reaparición en el País Vasco, ha elaborado un buen discurso, un mensaje nítido y ha vuelto a poner encima de la mesa sus mejores argumentos con solidez y claridad. En el País Vasco hemos vuelto a ver al mejor Aznar.

Solidez y claridad
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