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Mayor Oreja tenía razón

Las noticias que hemos conocido a raíz de las detenciones llevadas a cabo tras el último atentado de ETA en Madrid, dejan las cosas en su sitio. Dan la razón, sin ningún tipo de matiz, al que fuera ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja. El estremecedor dato de que los terroristas pretendían atentar contra la Torre Picasso confirma, con todas las consecuencias, que la tregua de ETA era realmente una trampa. Muchos meses después, el conocimiento de las verdaderas intenciones de los terroristas nos sitúa en una realidad irrefutable: Jaime Mayor Oreja estaba en lo cierto y esa certeza le vuelve a colocar en la primera línea de la lucha antiterrorista.

Después de los resultados que obtuvieron en las elecciones vascas del 13 de mayo los llamados constitucionalistas, no faltaron críticas hacia el diseño electoral de Mayor Oreja. Entonces se dijo que la política "frentista" no era el camino adecuado para reconducir la situación institucional en el País Vasco. También durante la tregua de ETA se insistía, incluso desde dentro del Gobierno, en que la actitud de Mayor Oreja sobre la tregua era pesimista. Ahora, dos años después, los datos nos enseñan a todos que tenía razón y, por lo tanto, tampoco parece prudente arrinconar su análisis político sobre el País Vasco después de las elecciones. Hay que reconocerle al que fuera Ministro del Interior dos aspectos: que conoce como nadie la problemática vasca y, sobre todo, que posee una admirable capacidad para mantener la cabeza fría, salgan bien o mal las cosas. De todo esto hay que aprender que a Mayor Oreja hay que escucharle siempre, sabiendo que sus análisis son muchas veces a largo plazo y por lo tanto no se pueden ver con la superficialidad de lo inmediato.

En definitiva, las razones y la razón de Mayor Oreja para calificar la tregua de ETA como una trampa política nos enfrenta a una realidad: su ausencia del Gobierno se ha traducido en la falta de una estrategia política clara contra el terrorismo. Es verdad que los éxitos policiales continúan. Es cierto, que los datos nos enseñan que ETA cada vez está más acorralada. Pero en política, la lucha antiterrorista no son sólo datos. Son también ideas, mensajes y estrategias. Y todo esto es lo que no aflora con tanta soltura ahora en el Gobierno. El presidente Aznar lleva el peso. Hace pocos días en Vitoria volvía a sacar lo mejor de su repertorio. Eso está muy bien, pero no es suficiente. El Ministro del Interior es el otro punto de apoyo para la opinión pública. Debe trasmitir confianza, seguridad, ilusión, tranquilidad. Y en eso era un maestro Jaime Mayor Oreja. Es muy respetable su compromiso con el País Vasco y su deseo de continuar allí. Pero el Gobierno y mucho más su presidente no se pueden permitir el lujo de tenerlo en el banquillo. Es el ministro que, en muchos años, ha interpretado mejor el mensaje de la lucha contra ETA. Siempre el mismo. Inamovible e incansable.

Esa forma de enfocar y de trabajar la lucha contra el terrorismo debería ser recuperada como el mejor camino del éxito. Al cabo de los años, saber ahora que ETA quiso derribar Torre Picasso vuelve a dar la razón a Mayor Oreja. Y es justo reconocerlo.

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