A nadie puede sorprenderle lo que está pasando, y ni siquiera lo que puede ocurrir en el futuro. La sucesión de José María Aznar es la gran cuestión pendiente del PP y es la razón de muchos de los problemas del actual Gobierno y del partido. Las primeras declaraciones de Álvarez Cascos, la respuesta de Aznar y la nueva contestación del Ministro de Fomento sitúan claramente la realidad de un partido que está paralizado desde hace meses pendiente de la decisión del presidente, una decisión cubierta de misterios y de secretos.
Álvarez Cascos, que no tiene nada que perder, ha planteado sin pudores lo que muchos piensan dentro del PP. Ha anunciado con claridad que puede registrarse una auténtica rebelión interna para conseguir que Aznar se vuelva a presentar. Y curiosamente los planteamientos públicos de Cascos han descubierto muchas actitudes que hasta el pasado sábado solo eran intuiciones.
El primer gran objetivo ha sido dar un toque de atención a José María Aznar. Lo dicho por su amigo Paco Cascos lleva un mensaje de profundidad: el partido no puede depender de una decisión aislada y unipersonal. El presidente, por cumplir su palabra, no puede poner en peligro el futuro del PP; no puede desperdiciar el rédito político de ocho años de Gobierno sin olvidarse de que uno de los éxitos de cualquier partido político es conseguir funcionar como una organización colegiada. En definitiva, que la continuidad no depende sólo de Aznar, sino de todo el partido. Cascos ha recordado a todos que no está dispuesto a quedarse quieto y que como él hay miles de militantes que no entienden la decisión de Aznar.
La segunda gran lectura del aviso del Ministro de Fomento ha sido para los aspirantes. Los Rato, Rajoy, Arenas o Mayor han recibido el mensaje de que, en todo caso, la designación del sucesor no será una decisión "a dedo". En ella participarán los notables del partido, quienes no están dispuestos a desperdiciar el trabajo de tantos años en aventuras poco entendibles.
Y el tercer gran aviso de Álvarez Cascos es al entorno del presidente. Es un claro recordatorio de que, aunque "manden" en Moncloa, el PP no es de ellos; que muchos llegaron en el momento de la "gloria" y que hay más de uno que no ha conocido otra cosa y el poder les ha atrofiado. Tampoco se quedan al margen de este aviso aquellos militantes VIP que han llegado al partido después de disfrutar del coche oficial de un Ministerio.
En fin, las afirmaciones de Cascos y sus reafirmaciones no se pueden calificar precisamente como "muestras de cariño". Son mucho más serias y mucho más trascendentes. Cascos, que ha sido secretario general del PP, brazo derecho de Aznar y artífice real de la transición de AP al PP no habla por capricho o por afán de notoriedad. Es la palabra de muchos militantes del PP, de muchos dirigentes provinciales y regionales, de muchos dirigentes nacionales y también de un puñado de ministros.
Desde luego que lo que ocurra al final ahora no lo sabemos. Pero sí tenemos certeza de que tras los avisos del actual Ministro de Fomento hay una autentica corriente interna dentro del partido, hay una rebelión a favor de Aznar que es como decir no a las decisiones "caudillistas". Esto, simplemente, sólo ha empezado. Y desde luego, en este caso no valen ordenes internas. Cascos ha encendido la mecha y no será tan fácil apagarla.

Rebelión interna
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