Menú

La herida del rencor

La virulencia y la amargura con las que Iñaki Anasagasti, portavoz parlamentario del PNV, se ha pronunciado en la prensa mexicana en vísperas de la elección de José María Aznar como presidente de la nueva Internacional Demócrata de Centro es una señal clara e inequívoca de que el PNV sangra, y lo hace abundantemente por la herida del rencor.

El nacionalismo vasco, víctima de sus propios errores, observa impasible la desaparición del PNV de los grandes foros internacionales. De forma irreversible se han ido aislando de los demás. Primero se fueron del Partido Popular Europeo por su propia iniciativa, formando grupo con los verdes en el Parlamento de Estrasburgo. Luego, ya el año pasado, fueron excluidos de la Internacional Demócrata Cristianan por haber roto previamente con los populares europeos. Esta desaparición de los grandes puntos de encuentro internacionales de los partidos políticos debería llevar a la reflexión a los nacionalistas vascos. Cuando unos dirigentes sólo perciben maniobras contra ellos, cuando sólo son capaces de denunciar los males ajenos y no los propios, cuando sólo reconocen los errores de los demás puesto que ellos nunca se equivocan, es que algo importante está ocurriendo.

El PNV se encuentra internacionalmente abandonado. Les queda, eso sí, el consuelo de los guiños del nacionalismo catalán, que piensan que una desaparición política de los vascos les perjudicaría seriamente. Es por ello que en ocasiones aceptan una cierta complicidad con los errores de los nacionalistas vascos. El PNV se siente excluido, pero no se puede quejar, la exclusión ha venido determinada por sus propios errores estratégicos, por el deseo de supervivencia de algunos dirigentes, por su empecinado acercamiento al entorno terrorista y a sus objetivos, por su deseo público de dar prioridad al brazo político de ETA antes de intentar recuperar el diálogo con los partidos democráticos nacionales, etc.

Al PNV nadie le ha excluido, han sido ellos mismos los que lo han hecho. Y el verdadero problema es que los nacionalistas vascos caminan sin freno hacia el precipicio; buscando una ficticia pervivencia están destruyendo toda su trayectoria histórica, incluida su presencia durante décadas en importantes foros internacionales.

El PNV camina sin dirección política coherente. Desde fuera ya nadie les entiende, pero tampoco les compadecen. Las pataletas de sus dirigentes y portavoces sirven de poco. La realidad es clara y a nadie se le oculta. Aunque siempre quede una puerta abierta a la rectificación para que vuelvan donde estaban. Una rectificación que requiere una fuerte dosis de humildad y, por el momento, no parecen dispuestos a ello.

En Portada

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal