La detención en Francia de Juan María Olano nos vuelve a situar en la pista de la realidad. Nos presenta la necesidad de una colaboración europea efectiva y rápida en la lucha contra el terrorismo. Francia puede, el problema es que no siempre quiere. Estamos, pues, donde siempre; nuestros vecinos del norte han avanzado de forma clara en la colaboración contra ETA en los últimos años, pero todavía mantienen viejos "tics" de otras épocas en las que parecían mas cerca de los etarras que de los intereses democráticos del Estado español.
Es cierto, Francia ha cambiado, pero mantiene "viejos miedos" fundamentados en no se sabe qué ideas absolutamente trasnochadas en un contexto internacional, en el que manda una ofensiva en toda la regla contra el terrorismo. Es evidente que en Europa, por desgracia, hay que seguir dando la batalla porque algunos países aún no piensan que todos los terroristas son iguales. Esos, no están dispuestos todavía a medir todo tipo de terrorismo por el mismo rasero. Se siguen manteniendo actitudes equívocas, cambiantes y en muchos casos desconcertantes. Se sigue jugando al ratón y al gato.
Es verdad que Francia ha detenido a Juan Maria Olano, pero ¿cuánto tiempo ha tardado en hacerlo? ¿Qué razones creíbles se pueden esgrimir para retrasar esta detención? ¿Cuál es el motivo de una ambigüedad tan clara, cuando el ambiente apunta a una gran coalición internacional contra el terror? Son muchas preguntas que no tienen respuesta. Sencillamente, Francia se ha vuelto a refugiar en la cobardía para no actuar. Ha tardado mucho tiempo en detener a Olano y, aunque al final haya ejecutado la orden internacional de detención, ese retraso es demasiado significativo.
Según se acerca la presidencia española de la Unión Europea, cada día que pasa se ve más claro que será una importante cita de referencia en la lucha contra el terrorismo etarra. José Maria Aznar ha revolucionado los objetivos de la presidencia y ha colocado como gran prioridad el terrorismo. Una decisión inteligente que puede llevar a la situación política adecuada para que ningún Gobierno comunitario se vuelva a refugiar en la ambigüedad habitual cuando estemos hablando de ETA.
España tiene, sin duda, un gran reto durante el primer semestre de 2002: conseguir que todos los países de la Unión Europea adquieran de forma definitiva y efectiva el compromiso de luchar contra el terror sin excepciones y sin mirar hacia otro lado. España tiene, durante la presidencia rotatoria de la UE, un verdadero reto: cambiar la mentalidad mezquina de algunos gobiernos que no quieren enterarse de que todos los terrorismos son iguales y que ya no hay escondites para los cobardes. La tardía detención de Olano en Francia nos demuestra que todavía queda mucho camino por hacer.

Ya no es tiempo de ambigüedades
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