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Un apoyo inoportuno

Con la campaña bélica contra el terrorismo internacional en marcha, lo que menos necesitaba el presidente estadounidense era una nueva crisis en el Oriente Medio que le obligara a definir quiénes son los buenos y los malos del mundo actual.

Que Israel exista y prospere en medio de la hostilidad musulmana gracias al apoyo de militar, económico y político de Washington, era soportable hasta ahora porque el resto del mundo lo tomaba como un hecho consumado, por mucho que medio mundo lo considerara injusto. Pero, tras los atentados del 11 de septiembre, cuando los EE.UU. declararon la “guerra justa” contra el terrorismo, lo que menos le conviene políticamente a Bush es que se plantee la pregunta de quiénes son los justos y quiénes los malvados.

Esto es precisamente lo que le obligó a hacer Sharon, quien apoyándose en el enorme poder que el “lobby” judío tiene tanto en el Congreso y el Senado como en la opinión pública norteamericana, se salió con la suya y la Casa Blanca se unió a su coro para señalar con el dedo a Arafat como primer responsable. Bush fue mas allá que ninguno de sus recientes predecesores en condenar a Arafat, con el riesgo de un enorme costo para muchas de sus ya frágiles alianzas e incluso para los propios países árabes amigos de Washington.

Queda por ver si más adelante no le devolverá el “trágala” a Sharon. Problemas graves y rivales no le faltan al primer ministro israelí.

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