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“Madrid” no tiene la culpa

El caótico fin de semana que ha vivido Cataluña ha puesto al descubierto las grandes miserias de las comunidades autónomas que se creen autosuficientes. Es el ejemplo más claro de lo que ocurre frecuentemente con los gobiernos autonómicos de corte nacionalista, que entienden su gestión como una actitud de permanente reivindicación partidista. Momentos como los recientemente vividos son una prueba de fuego para Ejecutivos endebles en la acción política y en la capacidad de gestión, más pendientes de su ideología que de la buena marcha de la comunidad en cuestión. Estar al frente de una comunidad autónoma no se puede convertir en un juego de partido. Gobernar significa compromiso y seriedad, pero sobre todo requiere de responsabilidad para afrontar los problemas de los ciudadanos.

Un partido nacionalista como Convergencia i Unió, que está en el poder desde hace años, no puede fundamentar su gestión política desde una posición victimista hacia Madrid como único recurso y camino exclusivo. Gobernar una comunidad autónoma, en este caso una de las llamadas históricas, es mucho más. Como hemos visto, es habitual que el nacionalismo gobernante convierta su trabajo en un simple escaparate de sus objetivos partidistas, pero después, a la hora de la verdad, cuando tienen que asumir con todas las consecuencias el desgaste de su gestión, cuando tienen que resolver problemas sin ideología, como siempre se refugian en la comodidad de trasladar las dificultades a Madrid.

La actitud del consejero de Interior catalán, Javier Pomés, no es de recibo. Declarar a los cuatros vientos que gran parte de lo ocurrido estos días atrás se debe a la actitud irresponsable de los conductores es un auténtico ejercicio de ineptitud política. ¿Se figuran el cacao que se habría montado si el Gobierno central, en caso de que la competencia fuera suya, hubiera dicho lo mismo? ¿Se imaginan, por ejemplo, la polémica parlamentaria en caso de que Mariano Rajoy o Pío Cabanillas hubiesen reaccionado de una manera similar?

Pues bien, en esta cuestión como en otras muchas, todos los políticos deben ser medidos por el mismo rasero, y Javier Pomés no se puede refugiar ahora en una excusa infantil. El Gobierno de la Generalidad ha fallado, y así lo tienen que reconocer. Es más, en una situación política de normalidad, no de artificial emergencia como le gusta al nacionalismo, Pomés habría presentado la dimisión y Pujol se la habría aceptado. Pero la historia es muy distinta. Sólo le falta al Gobierno catalán decir que Madrid ha provocado las nevadas y que por lo tanto la responsabilidad vuelve a ser del “histórico centralismo”.

¡Seamos serios! La Generalidad no ha reaccionado a tiempo, y eso requiere aceptar las responsabilidades políticas. Esta vez lo siento, pero “Madrid” no tiene la culpa.

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