La resaca del viaje marroquí de José Luis Rodríguez Zapatero nos deja, para empezar, una ofensiva delatora de toda la prensa cercana al PSOE para demostrar que su gira ha sido un auténtico éxito político y diplomático, un éxito –dicen– sin precedentes. ¿No les parece algo sospechoso este empeño en "piropear" el viaje de Zapatero? ¿No les parece que detrás de este alarde de generosidad periodística existe la necesidad de tapar el fracaso de esta visita del líder socialista? Es demasiado llamativo este cierre de filas en torno a Zapatero y, además, es una actitud que habla por sí sola: no hay satisfacción en las filas socialistas por los resultados del viaje.
A nadie se le oculta que la visita de Rodríguez Zapatero, lejos de éxitos, se ha traducido en un descarado uso político por parte del Gobierno de Rabat. Marruecos necesitaba una excusa, buscaba a la desesperada una razón aparente para devolver la situación diplomática a su lugar y Rodríguez Zapatero se lo ha puesto en bandeja. Ha pecado de ingenuo, pero también de exceso de protagonismo. Desde luego, aquel que haya diseñado el viaje ha dejado caer al líder socialista en una trampa de la que tardará mucho tiempo en salir. En este sentido, es muy preocupante el dato que ha confirmado el Ministro Piqué: nadie conoce una parte de la conversación de Zapatero con el Rey de Marruecos, ya que el propio líder socialista pidió al Embajador de España, presente en el encuentro, que abandonara la sala, quedándose a solas con el Monarca.
Zapatero se ha equivocado. Pero lo más llamativo y lo más preocupante no son los errores del secretario general socialista. Lo más peligroso son sus silencios ante los ataques del primer ministro marroquí contra el Gobierno español, contra su compañero de partido José Bono y hasta contra los corresponsales españoles acreditados en Rabat. Silencios de Zapatero que esconden una cobardía política evidente y que debería preocupar a quienes ven en Zapatero un líder firme y convincente para las elecciones del 2004.
Lo ocurrido en Marruecos nos muestra que detrás de las buenas formas de Zapatero hay también una clara falta de carácter. Ha sido incapaz de responder al primer ministro Yussufi. Nadie le pide al líder socialista que hubiera respondido con un tono de mala educación, sino simplemente que los intereses de España se defiendan siempre con firmeza. Y en este caso, el interés de España pasa por el prestigio del Gobierno español como institución, pasa por el prestigio de los dirigentes de su propio partido y pasa también por la prensa española y el derecho a la libertad de informar.
El Ministro Piqué ha bromeado con la actitud de Zapatero diciendo que Marruecos ya no necesita embajador, puesto que tienen aquí al secretario general del PSOE. Bromas aparte, si Zapatero aspira ciertamente a llegar al Palacio de La Moncloa, se hace necesario un claro cambio, un mayor carácter. Un futuro Jefe de Gobierno ha de tener resortes y mecanismos inmediatos de reacción. El error de Zapatero no ha sido la lentitud de reflejos, ha sido muchísimo peor: el silencio, porque pone en duda muchas cuestiones.
El silencio de un político es el principio del fin.
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