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Intoxicaciones nacionalistas

Las declaraciones claras y nítidas del presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, y del presidente del Gobierno español, José María Aznar, no ofrecen duda alguna. Precisamente en el inicio efectivo de la presidencia española de la Unión Europea, los dos han coincidido en que la Europa comunitaria está articulada sobre las relaciones entre los Estados, no entre las regiones. Eso sí, cada Estado es dueño de organizarse internamente como quiera.

Estas afirmaciones, que son la primera lección de funcionamiento de la Unión Europea, no pueden sorprender a nadie. Así ha funcionado la Europa comunitaria desde siempre y así va a seguir funcionando. Lo demás son, como mínimo, pretensiones visionarias que se quedan simplemente en la imaginación de algunos dirigentes políticos. En esta ocasión, nadie podrá acusar a José María Aznar de utilizar ataques furibundos contra el nacionalismo vasco. Nadie ha mencionado al PNV, ni al Gobierno vasco. Todo está demasiado claro, simplemente hay que leer literalmente los distintos Tratados de la Unión para caer en la cuenta de que las intenciones nacionalistas son de otro mundo, carecen de sentido y no tienen el más mínimo realismo.

La relación en la Unión Europea está organizada en una estructura basada en los Gobiernos en todos los capítulos, incluido el fiscal. Así pues, en esta caso no hay posibilidad de interpretación. No hay espacio para el doble lenguaje. En este contexto, adquieren especial relevancia las declaraciones del presidente de la Comisión Europea Romano Prodi, por ser el máximo representante de la aplicación de los Tratados comunitarios. Son unas afirmaciones que colocan a cada uno en su sitio. Pero sobre todo, colocan en el capítulo de la más estricta manipulación política las teóricas pretensiones del Gobierno vasco.

Sus intentos de chantaje al Gobierno central para estar presente en los Consejos de ministros comunitarios son una quimera imposible de realizar. Ellos lo saben, pero no les importa, continúan con una intoxicación simple y partidista que exclusivamente perjudica a los ciudadanos vascos. Después de lo escuchado ya no hay dudas, el nacionalismo está empeñado en llevar a la sociedad vasca al borde del precipicio. Y ese precipicio comienza por quedarse fuera de Europa.

Desde luego, es muy significativo que, cuando en la Unión se habla y habla de la ampliación e integración, en el País Vasco se insiste machaconamente en el camino contrario. Es la señal más evidente de las permanentes contradicciones del nacionalismo. Ellos sabrán.

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