El Congreso tan esperado por unos y tan denostado por otros ya ha comenzado. Durante todo el fin de semana tenemos asegurado el “sarao” político y mediático en el que se convierte cualquier Congreso, sea del partido que sea. En esta ocasión, los meses precongresuales nos han dejado distintos momentos que marcan perfectamente cuáles son las inquietudes internas del PP. Momentos de incertidumbre con el futuro de la sucesión, momentos de sorpresa con el anuncio de la continuidad de Javier Arenas al frente de la secretaría general, momentos de apatía ante el intento de la dirección del partido de desactivar el cónclave y, por ultimo, motivos de tensión con las enmiendas de Álvarez Cascos, presentadas en el ultimo minuto, sobre la limitación de mandatos al frente del partido y del Gobierno.
Pues bien, el Congreso ya esta en marcha y con el todo el espectáculo de luz y de sonido propio de estas ocasiones. Pero que nadie se engañe. Detrás de la feria hay cuestiones de fondo que nadie debería olvidar. Por encima de cualquier otra gran cuestión, quieran o no quieran, el gran asunto pendiente es y seguirá siendo el futuro del Partido. Este es el Congreso del inicio de una nueva etapa, de la etapa posterior a José Maria Aznar. Desde ahora comienza el camino de la elección del sucesor, pero también comienza la transformación de un partido que se deberá articular desde un liderazgo diferente al del actual presidente del Gobierno. Es aquí donde se pueden iniciar los problemas.
La realidad objetiva es que el PP ha fomentado y cimentado desde hace doce años un "hiperliderazgo" en torno a José Maria Aznar. Esa actitud, en la época de la travesía del desierto, en tiempos de oposición, fue clave para poder llegar al poder en el 96. Pero al mismo tiempo, ese liderazgo exagerado en los tiempos del Gobierno se convierte en una trampa que, antes o después, termina pasando factura. El gran inconveniente de un "hiperliderazgo" en un partido gobernante es que alrededor del presidente crecen muchos candidatos, todos con posibilidades, pero todos con miedo a llamar en exceso la atención, con el peligro consiguiente de ser aniquilados políticamente. Todos amagan, pero nadie da un paso al frente.
El PP gobierna en España en el Gobierno central, en muchas Autonomías y en importantes ayuntamientos. El PP permanece unido. Aznar es el líder indiscutible. Pero al mismo tiempo nadie es capaz de imaginarse el futuro del PP sin su actual presidente. Sin embargo, lo cierto es que José Maria Aznar ha decidido dejar sus “presidencias”, provocando de esta manera una revolución estructural. En muchos países europeos, después de una larga época de liderazgo de un partido en el Gobierno, ha llegado un momento de crisis y divisiones internas: hay muchos sucesores, pero también hay instaladas muchas bombas de relojería. Cuando se habla de la trampa del "hiperliderazgo" no es una critica sin fundamento. No hay mas que mirar a otros países de nuestro entorno, como el Reino Unido o Alemania, para ver que allí la experiencia ha sido demoledora. Sin olvidarnos del PSOE, aunque en este caso el liderazgo de Felipe González iba acompañado de un problema mucho mas grave como la corrupción.
El PP ha llegado unido a este Congreso del 2002, el reto lo tienen ahora. ¿Como llegaran al cónclave del 2005? Entonces será el Congreso definitivo de la despedida de Aznar. Entonces sí que no habrá capacidad de reacción. Ahora comienza, por tanto, una transición con muchos peligros. El primero de ellos es y seguirá siendo una larga etapa de "hiperliderazgo". A los hechos me remito. Ignorar la realidad es no aceptar el problema.
Todos los derechos reservados
!-->
