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Menos efectismo y más trabajo

La política tiene unas reglas de funcionamiento básicas, tanto para la actuación del Gobierno como para el trabajo de la oposición. Tales normas de conducta son similares para todos y tienen diversas formas de aplicación. En este sentido se puede encuadrar el deseo inicial de José Luis Rodríguez Zapatero de marcar la política española con la impronta del sosiego y de la educación. Pero no hay que engañarse. Aquella propuesta de Zapatero fue una cuestión de formas, no de fondo. Y es por ahí por donde están surgiendo los problemas.

Rodríguez Zapatero ha confundido las formas con el fondo. En política siempre es buena la educación, siempre son bien recibidas las propuestas pausadas, siempre son aplaudidos los deseos de no utilizar las malas artes. Pero estamos siempre en el terreno de la formalidad, no en el de los contenidos. Cuando hablamos de contenidos, nos referimos al fondo. Nos referimos a un proyecto claro de oposición, independiente de los intereses internos y de las presiones mediáticas. Pero sobre todo, para cimentar una buena labor de oposición hay que trabajar incansablemente, repartirse los papeles en un equipo compenetrado y bien preparado y enfrentarse al Gobierno con propuestas concretas, claras y realistas.

El verdadero problema de Zapatero y de su equipo es que han confundido las buenas formas con el trabajo, y eso, en política, se termina pagando. En el equipo de dirección del Partido Socialista faltan horas de trabajo. En política, ofrecer ruedas de prensa con titulares más o menos imaginativos, golpes de efecto inesperados o discursos pausados y ocurrentes no lo es todo. Todo eso está bien, pero no es suficiente. En política hay que trabajar mucho y sacrificarse sabiendo que los resultados no son inmediatos. Y en el PSOE, ese estilo no se divisa por ninguna parte. Esa deficiencia se percibió en el debate sobre el Estado de la Nación del pasado año, ha aflorado de forma estrepitosa en la comisión de investigación del caso Gescartera, fue evidente en el triste viaje a Marruecos y se manifiesta cada miércoles en la sesión de control al Gobierno. En la política no todo es efecto, también ha de haber un programa claro respaldado con mucho trabajo.

Y es precisamente esta ausencia de esfuerzo, junto a la influencia evidente de González y PRISA, lo que explica muchos de los cambios de actitud en las iniciativas socialistas. Rodríguez Zapatero cambia de actitud, de mensajes, de estrategia. Lo hace de forma casi constante buscando recursos más o menos llamativos, pero sin la consistencia del trabajo. En política, el efectismo tiene un impacto inmediato, pero tiene fecha de caducidad. Lo eficaz es trabajar. Y por el momento, en el PSOE no se han enterado.

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