La limpieza étnica que realizan conjuntamente ETA, su brazo político y los sectores radicales del PNV, que son en la actualidad casi todos y, además, los que gobiernan, sigue su curso implacable y eficaz. En algunos casos a través del asesinato, pero en otros casos, menos conocidos aunque muy numerosos, a través de la expulsión del País Vasco, de la discriminación y el arrinconamiento en los lugares de trabajo, y del sometimiento al silencio en todos los rincones de nuestra vida cotidiana.
Los vascos que condenamos públicamente a ETA, que cuestionamos al nacionalismo y que pedimos un cambio profundo en nuestras instituciones sabemos lo que nos espera. Sabemos que pasamos a formar parte de los objetivos de ETA. Pero sabemos también que nos colocamos en el punto de mira del nacionalismo, de ese nacionalismo racista y excluyente que gobierna, y que está dispuesto a acosar y perseguir a todos aquellos que cuestionen su pretensión de mandar eternamente.
Pero algunos de nosotros, en nuestra ingenuidad y confianza en las bondades del ser humano, aun esperamos fortaleza y coraje de los responsables públicos para resistir al acoso etarra y garantizar la libertad y los derechos de los ciudadanos. En este caso, y llevada por esa ingenuidad y confianza, yo esperaba que los responsables de la Universidad del País Vasco resistieran a la campaña de acoso que Francisco Letamendía orquestó con los sectores proetarras de dentro y fuera de la universidad para desposeerme de una cátedra que yo gané y el perdió. Pero el miedo ha vuelto a vencer una vez más. Los mensajes de los sectores proetarras, y muy en especial el mensaje último que todos sabemos, han sido argumentos de peso para los responsables de la Universidad del País Vasco. Y la limpieza étnica funciona de nuevo porque no sólo cuenta con la acción de ETA y del nacionalismo, sino con la dejación de tantas y tantas gentes que han decidido vivir instaladas en la cobardía y en el mirar hacia otro lado para evitar las bombas y la persecución.
El Rector, Manuel Montero, en un intento de autojustificación de esta nueva cesión a la presión etarra de la universidad, ha tenido la ocurrencia de comparar lo que ha considerado la campaña de unos (Letamendía y los proetarras) con la campaña de los otros (las críticas que ha recibido hoy la Universidad del País Vasco en los medios de comunicación) y ha dicho que la universidad es autónoma de unos y de otros, es decir, que la universidad y él mismo están en el justo y razonable punto medio. Una vez mas, uno de nuestros responsables públicos ha puesto en el mismo lugar a ETA y a su víctimas, porque ambos son “extremos”. Y mientras los del punto intermedio, es decir, los del miedo y los de la cesión, siguen mirando hacia otro lado, la alianza de ETA, su brazo político y el PNV y EA prosigue implacable su persecución a todo constitucionalista que se rebele contra esta dictadura. Hoy me ha tocado a mi, antes a otros muchos, y mañana seguirá la depuración.
Edurne Uriarte es profesora de Ciencia Política en la Universidad del País Vasco
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