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Se acabó el paseo

“Informe Semanal” ofreció este sábado en TVE el punto de vista “oficial” sobre la guerra de los trapos en un reportaje titulado “Moda, polémica y pasarela”. Bajo ese título, analizó la animada pelea que se ha establecido entre Madrid y Barcelona para ser la sede de la pasarela que ha de mostrar al mundo la genialidad de los modistos españoles.

Mientras Zara vende su ropa en los mejores barrios comerciales de todo el mundo sin necesidad de desfiles subvencionados, la feria de las vanidades de Gaudí y Cibeles se ha dedicado a hinchar el globo con la ayuda de unos políticos que han entrado en el mundo de la moda con ganas de participar en un espectáculo que se encuentra bastante alejado del entramado industrial. La pasarela Cibeles ocupó más horas de televisión a lo largo de la semana que cualquier otro acontecimiento. Pernas, Verino, Jesús del Pozo, Elio Benhayer, Josep Font o Antonio Miró sonaron como si el público en general se vistiera con sus diseños, y un montón de modelos a las que, como dijo Fraga, les faltan kilos, se pasearon con aire de autómatas anoréxicas ante los ojos de unos pocos entendidos y muchos figurones.

No hace falta llegar al extremo de Gustavo Bueno, que aplica el concepto de telebasura a este tipo de desfiles, para darse cuenta de que estamos ante un fenómeno fabricado que cada vez está más dirigido a alimentar al monstruo de la televisión. Gracias a las pasarelas los telediarios pueden cerrar sus informaciones con un tropel de chicas y algún chico en ropa interior sin que el espectáculo sea juzgado como estimulador de bajas pasiones.
El reportaje de “Informe Semanal”, como era de esperar, no se decantó por Madrid o Barcelona como futura sede de una pasarela unificada. La cosa está muy verde todavía. Tampoco dio demasiados argumentos que justificaran los fuegos artificiales de estos desfiles y no se le ocurrió valorar la efectividad de las pasarelas como propulsoras de la industria textil. Después de la experiencia de este año, cualquier experto en la materia o telespectador con sentido común se ha podido dar cuenta de que Cibeles y Gaudí son apenas una plataforma de lucimiento de ciertas marcas que no van más allá de los circuitos comerciales españoles. Las modelos y sus trajes más o menos “ponibles” son, sobre todo, material de relleno para que siga una procesión “glamourosa” que se contraponga o complete el repertorio de “freaks” que pueblan los “talk shows” y magazines de las cadenas de televisión desde la mañana a la noche.


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