Josep Piqué se marchó de Washington con la buena noticia de que Estados Unidos incluiría a la ETA en su “lista negra” del terrorismo, lo que es un claro espaldarazo político el Gobierno español y, posiblemente, un revés para ETA. Lo de posible y no seguro se debe a que, por lo sabido hasta ahora, la estructura financiera del grupo criminal vasco es tan “directa” que su vulnerabilidad ante controles bancarios y fiscales no parece que vaya a perjudicarlo mucho. Por una parte, los impuestos revolucionarios son invertidos muy directamente y por otro, ETA ha sabido camuflar hasta ahora sus inversiones y empresas tapaderas.
Ni la policía francesa ni la española han logrado hasta ahora identificar y sellar las estructuras económicas de la banda. Y si es verdad que cuanto más amplia y tupida sea una red, mayor es su eficiencia, es improbable que la inclusión de ETA en la lista negra del terrorismo internacional vaya a tener efectos inmediatos. Washington, que no admite medias tintas en la lucha antiterrorista, apenas podía negarse a perseguir a ETA y ha dado así un triunfo político en toda regla a Madrid, que lo enarbolará en los foros políticos de las Cortes y el Parlamento de Vitoria.
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