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Las apariencias engañan

La trágica situación del próximo oriente desorienta a muchos periodistas especialistas en guerras. Algunos, entre los más jóvenes pero precavidos, indican que la causa son "las guerras del Estado judío". Decir Estado evita la posible acusación de antisemitismo al articulista. En el esquema mental de estos comentaristas lo que pasa en Palestina es una lucha entre extremistas palestinos y judíos, que han arrastrado a Sharon, el señor de la guerra, según un gacetillero, a represalias violentas y terribles. Con este esquema la solución es fácil: que el gobierno israelí deje de responder a los atentados de los extremistas palestinos y estos dejaran de sembrar el terror. Así de sencillo. Es que cuando se mira algo con una lupa no se puede ver lo que sucede en la calle. ¡Elemental querido Watson!

En el conflicto palestino, Arafat es hoy un simple sonido, flatus vocis que decían los nominalistas. Y Sharon es el jefe de un gobierno elegido democráticamente que trata de defender su país. Pueden criticarse los medios empleados en la defensa, pero no la defensa.

Al centrarse en el conflicto israelo-palestino dejan de lado algo muy importante. En los conflictos de Filipinas, Indonesia, India-Pakistan, Sudán, Nigeria, Argelia, etc. no hay ni Arafat, ni Sharon; son regiones en las que no hay judíos, o los hay en número insignificante, y hay muchos cientos de muertos diarios. Lo que tienen en común con el conflicto palestino es la presencia activa de musulmanes ortodoxos, que aquí llaman "islamistas", extremistas religiosos, o un puñado de locos. Pero son algo mucho más serio. Se trata de unos cientos de millones de hombres que tienen una fe religiosa fuerte y fundada, y no un puñado de fanáticos excéntricos.

Los articulistas escotomizados no se atreven, y con razón, a llamar al presidente de Argelia señor de la guerra y eso que con su acción militar contra el Hamas local mata más musulmanes en un mes que él ejercito judío en un año.

El objetivo, declarado, de Arafat en los últimos tiempos era conseguir un Estado Palestino. Proyecto que no contó con la simpatía y el apoyo ni de la mayoría de los palestinos, ni del gobierno judío. En el ámbito de las masas "activas" palestinas predominaba el viejo proyecto de eliminar el estado de Israel y "lanzar los judíos al mar". Arafat perdió seguidores que se fueron con los grupos islamistas, Hamas y los otros, que en la realidad son los que mandan en Palestina, ya que su proyecto "eliminatorio" parece ser aprobado por sectores muy importantes del pueblo palestino. Ya no se trata de "territorios por paz", ahora es "paz por la eliminación de los judíos de Palestina". Es el objetivo de los extremistas, que parecen contar con fuertes apoyos populares. Y esos "extremistas" no participan, pues ni quieren, ni les invitan, en las reuniones de paz internacionales. Y son ellos los que mandan en Palestina.

Uno de los puntos centrales del problema de Próximo Oriente reside en el análisis irrealista de la situación. Se comprende que las autoridades de los países occidentales no quieran reconocer como fuerza política real a los "islamistas" palestinos, ya que entraría en contradicción con su política de lucha "mundial" contra el terrorismo, que todos dicen practicar.

No hay un estado musulmán que pueda hacer presión sobre los islamistas, ya que son ellos, en cada estado, los que hacen presión sobre los estados.

Hay una regla que dice que para resolver un problema hay que plantearlo correctamente.

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