El balance hecho por José María Aznar ante la Junta Directiva Nacional de su partido, con un carácter previsible en los contenidos, nos ha ofrecido una novedad en las formas: el presidente ha recuperado el tono electoralista. En una intervención larga y muy detallada ha ido desbrozando los logros de su Gobierno en estos dos últimos años y ha marcado los objetivos para lo que queda de legislatura. Repasando y recordando todos los capítulos de la gestión de su Ejecutivo, lo más llamativo ha sido el carácter electoral del que José María Aznar ha impregnado todo su mensaje. Apoyado en la coherencia del PP, argumentando que el Gobierno cumple lo que promete y recordando que en el PSOE se vive en la absoluta contrariedad, Aznar ha ofrecido el mensaje nítido de que ha empezado la cuenta atrás para la próxima cita con las urnas.
Precisamente ese tono electoralista justifica los sistemáticos ataques al PSOE durante toda su intervención. Es decir, Aznar ha enarbolado la bandera de los objetivos cumplidos de forma descarada, con una estructura dialéctica en la que ha contrapuesto los logros del Gobierno a las contradicciones socialistas. Hasta tal punto ha llegado la “arenga” electoral que no ha hecho ninguna mención al escándalo de Gescartera, que ha ocupado seis meses de esfuerzo al Gobierno, ni tampoco se ha escuchado ninguna referencia a la reciente pifia sobre el viaje de Felipe González a Marruecos.
La intervención de Aznar, diseñada y programada, nos lleva a un escenario puramente electoral al que nos veremos conducidos una vez terminen los seis meses de presidencia española de la Unión Europea. Primero serán las elecciones municipales y autonómicas, luego llegarán las elecciones generales y, por lo que parece, Aznar ha querido “poner las pilas” a los suyos y también dar un toque de atención a los socialistas. Escuchando al presidente se descubre que los políticos ya están pensando en los próximos comicios. La maquinaria ya está en marcha, dispuesta a no dejar ningún resquicio a la improvisación. Desde luego, el PP, con la buena experiencia obtenida en las últimas generales y con un PSOE debilitado por sus propias limitaciones, tiene el camino libre de peligros. Al menos de momento.
Los únicos problemas que pueden surgirle al Gobierno son los que ellos mismos se puedan fabricar por sus errores y debilidades. En este sentido, nadie deberá olvidar que las grandes polémicas que ha tenido este Ejecutivo han sido siempre provocadas por ellos mismos. Son expertos en ponerse piedras en el camino.
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