Ya estamos en vísperas del Consejo Europeo de Barcelona. Es la primera Cumbre de las tres previstas durante la Presidencia española de la Unión Europea. Como saben, las otras dos citas serán en Madrid y Sevilla en los meses de mayo y junio, respectivamente. Esta Cumbre, de un claro carácter económico, se presenta como la prueba de fuego sobre la eficacia del Gobierno en su Presidencia comunitaria y también va a ser el primer examen serio sobre el posible liderazgo europeo del presidente Aznar.
El Gobierno español ha tenido un carácter ciclotímico en los tres meses que llevamos de Presidencia. Empezó muy fuerte, luego ha tenido una verdadera “pájara” comunitaria y ahora, a pocos días de la Cumbre de Barcelona, intenta de nuevo coger aire para dar un empujón a su gestión comunitaria. España ha presentado un trabajo demasiado inconstante para saber, a esta hora, cuáles van a ser los resultados. Pero lo que es cierto es que en la política europea, en el desarrollo de una Presidencia de turno y en la gestión de una Cumbre comunitaria no es posible el juego de la filtración y de los globos sonda tan utilizados por el actual Ejecutivo. Un Consejo de estas características, al que asisten más de cuatro mil periodistas, no es fácil de manejar. En esta ocasión no valen unos Telediarios “efusivos” con el Gobierno, dos portadas “bondadosas” o tres columnas “laudatorias”. Aquí no vale “la quinta columna” sino que, en esta ocasión, son diarios como “Financial Times”, “Le Monde” o “Il Corriere della Sera” los que marcarán la pauta informativa de la Cumbre desde un punto de vista internacional. Esta vez, el examen para la eficacia del Gobierno y la prueba para el liderazgo europeo de Aznar va a ser mucho más objetivo e independiente de lo que estamos acostumbrados.
Por ello, en estas vísperas de la Cumbre de Barcelona, en La Moncloa se respira cierto nerviosismo. Este Consejo se ha convertido en la hora de la verdad para el Aznar europeo. Durante los próximos días será examinado el presidente en materias tales como la capacidad de consenso entre los países comunitarios, el talante de diálogo con todos los Jefes de Gobierno comunitarios, los mecanismos de reacción ante los imprevistos y los recursos que pueda ofrecer ante la necesidad de llegar a un acuerdo. En la Cumbre, el éxito se va a medir por los resultados y tal operación es pura matemática. Aquí no hay engaños. Aznar se enfrenta a la realidad sin artificios ni colorantes.
Pero que nadie se engañe. A todos nos interesa que España desarrolle un buen papel en Europa. Una Presidencia de turno bien llevada significa siempre un premio que desemboca en el incremento del respeto y la estima general del país respectivo. Y eso siempre se traduce en el beneficio de los ciudadanos. Sólo pedimos que en esta ocasión el Gobierno deje de lado el partidismo y la foto electoralista. Es bueno que España apruebe el examen, pero esta vez no hay espacio para las “chuletas”, aunque sean muy sofisticadas.
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