Con el paso de los días, el año 2003 se afianza como un año que será clave, políticamente hablando. Tras el anuncio de la retirada definitiva de José María Aznar, el año próximo aparece, de la noche a la mañana, como un examen de la gestión desarrollada por el PP en estos últimos años. Esta consideración, que se puede aplicar a toda España, en el País Vasco adquiere unas características especiales que convierten las elecciones municipales en un verdadero punto de inflexión. De nuevo serán una prueba de fuego para el proyecto soberanista del nacionalismo vasco. El PNV deberá afrontar esa cita electoral con un escenario que muchos pensaban que no iba a llegar: la previsible ilegalización de Batasuna. El nacionalismo tendrá que enfrentarse sin tapujos a su cruda realidad de convivencia con el mundo radical y, por tanto, ya no podrá tener actitudes esquizofrénicas.
Si quieren rebañar los votos de una Batasuna ilegalizada, deberán descubrir sus cartas. Es por ese motivo por el que Jaime Mayor Oreja, en Burgos, durante la Convención nacional de presidentes y secretarios generales del PP, ha advertido de una nueva ofensiva nacionalista cara a las próximas elecciones municipales. Tendrá como grandes objetivos Vitoria y todas las localidades alavesas. La intención será avanzar en su proyecto soberanista en el territorio donde, precisamente, los ciudadanos difieren más de sus intenciones. Además, intentarán que su ofensiva sea una excusa para sus objetivos independentistas. Buscarán tapar todos sus errores, miserias y cambalaches con Batasuna.
Con este horizonte, es imprescindible que el PSE defina claramente su proyecto político. Con el PP parece claro que no quiere trabajar. Entonces, ¿qué compañero de viaje piensa escoger? El socialismo vasco se ha asustado y huye del objetivo de trabajar por una alternativa al nacionalismo. Lo que nos falta por saber es si se va a quedar en tierra de nadie o se va a subir de forma descarada en el barco del nacionalismo. Todo apunta a que será esta última posibilidad la escogida, por lo que el PP se quedará solo en la fabricación de una alternativa al nacionalismo vasco.
Así pues, las elecciones municipales del 2003 en el País Vasco serán una prueba muy importante para la configuración de esa alternativa al soberanismo. El PP arranca en esta situación como una formación política que, lejos de sus siglas, deberá aglutinar a todos aquellos ciudadanos que piensan que en el País Vasco se puede vivir sin ser nacionalista. El PP deberá aprovechar convenientemente la previsible esquizofrenia del PNV y del PSE cuando se lleve a cabo la ilegalización de Batasuna. Este paso, que muchos no esperaban, puede ser definitivo para provocar una verdadera crisis interna dentro del nacionalismo. En el PNV, muchos dirigentes sin escrúpulos buscaran de forma desesperada votos y apoyos del mundo radical para hacer frente al PP. Esa actitud les va a delatar delante de muchos electores nacionalistas que todavía tenían alguna esperanza de rectificación de su partido de toda la vida.
El nacionalismo, con la ilegalización de Batasuna, va a quedar en evidencia. Su reacción imprevisible será como la de un viejo león herido y moribundo, pero quizá por ello puede ser especialmente ruidosa. Con Batasuna fuera de la ley, el PNV se queda entre la espada y la pared.

Entre la espada y la pared
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