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Arturo Quirantes

Plan de analfabetización

Tengo la impresión de que los funcionarios del Ministerio de Ciencia y Tecnología cobran pluses de alfabetización. Cada vez que alguien dice las palabras “seguridad y confianza” o “marco jurídico” se embolsa cien euros extra. Por eso no se cansan de repetir esas coletillas cada vez que saltan a la palestra para defender la LSSI. No es que no tengan argumentos, es sencillamente que así les sube la nómina a fin de mes. Ahora que el Tribunal Supremo le ha indicado a Borja Adsuara dónde está la puerta (aunque su ministra opina de otro modo), le vendrá muy bien para complementar el subsidio de paro. De algo tiene que vivir el muchacho.

Lo que no tengo claro es a cuánto se cotiza la invención de nuevos términos. Quien acuñó la expresión “sociedad de la información” para designar lo que todos los demás llamamos Internet seguro que se construyó el chalé en la sierra con el extra. La invención del famoso “plan de alfabetización digital” le permitió instalar la piscina. Y ahora parece que tiene que completar el cerramiento del porche, porque se ha puesto de nuevo a la tarea. El resultado se llama “programa Internet en la escuela.”

Lo cierto es que, de llevarse a cabo, este país sería la envidia del mundo mundial. Un ordenador por cada doce alumnos, doscientos millones (¡de euros!) de presupuesto, banda ancha en las escuelas, equipamientos multimedia, triplicar el número de alumnos conectados a Internet. Lástima –para ellos– que ya hemos oído la misma música demasiadas veces. Al parecer, proclamar grandes planes resulta no sólo rentable desde el punto de vista publicitario, sino que además resulta sencillo y no compromete a nada.

Total, ¿para qué resolver el problema del TRAC que mantiene a centenares de miles de nuestros ciudadanos aislados de Internet en el medio rural? ¿Qué necesidad hay de partirse la cara con las operadoras para que den conexión de calidad y una tarifa plana? ¿Por qué preocuparnos del problema de la privacidad en Internet, del abuso de las cookies, del mercadeo que se hace con los datos personales, de redes telefónicas que puede pinchar cualquier agente de inteligencia extranjero? Que se ocupe otro pringado, si se atreve.

Sí, señores, los contenidos del Plan Info XXI son tan fantásticamente buenos que los reinventan una y otra vez. Ya saben la mecánica del invento, pero por si faltaron ese día se lo recordaré: se toma una gran idea, se le da un nombre digno de pasar a la posteridad, se anuncian inversiones millonarias y se llama a la prensa. Si funciona, se apunta en la lista de éxitos del gobierno. Y si sale rana, no problemo, se cocina otro día con otro nombre distinto. La verdad, creo que estoy desperdiciando mi tiempo aquí, cuando podría estar en el MCYT haciendo fama y fortuna.

Y de hecho, ¿por qué no intentarlo? Presentamos el Plan Quirantes de Cultura Cibernauta (PQCC). Prueba de su éxito es que mi hijo pequeño, con poco más de un año, ya sabe encender la impresora él solito. Me perdonarán que no les dé más detalles, pero es que antes quiero averiguar si al MCYT le interesa, que lo mismo me conceden un par de trienios por la cara. Lo que sí puedo confiarles, en exclusiva, es que, merced a este plan, cuatro de cada cinco ciudadanos de mi hogar podrá conectarse a Internet. Excluyo a Coco, el oso de peluche, porque todavía no lo tiene claro. Creo que prefiere una tarifa plana asequible y que no se cuelgue. Le he recomendado que espere sentado.

Arturo Quirantes edita la página Taller de Criptografía.

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