Acaso alguien piense que, desde el último Congreso del Partido Popular, en el que José María Aznar confirmó su marcha definitiva, los candidatos para la sucesión se han escondido a la espera de que llegue el momento. ¡Nada más lejos de la realidad¡ Los candidatos, de primera y de segunda fila, se encuentran en plena actividad. Cada uno a su estilo, cada uno a su manera; pero todos se mueven sin desaprovechar ninguna de las oportunidades que se les presentan.
Por ejemplo, Jaime Mayor Oreja desde hace semanas se está moviendo mucho. Ha comenzado a llenar su agenda de actos de partido. No hay fin de semana que no tenga alguna actividad del PP. Va adonde le llaman: actos nacionales, congresos provinciales o actos de Nuevas Generaciones. Todo es bueno para conocer a la militancia y para que la militancia conozca a uno de los posibles sucesores. Además, con la autoridad que le confiere ser el responsable de la próxima campaña electoral, Mayor Oreja es escuchado y valorado allí donde va.
Rodrigo Rato utiliza otra estrategia. Comidas, reuniones, encuentros con nombres importantes de la banca, de la empresa, de los medios de comunicación. Aprovechando la atalaya de su cargo en el Ejecutivo, intenta recabar apoyos de los grandes circulos de influencia. El vicepresidente segundo del Gobierno no es esconde a la hora de explicar sus proyectos y sus iniciativas en una posible "Jefatura" en el 2004. Rato habla del futuro con la carta de presentación que significan los resultados económicos del actual Gobierno. Rato da una gran importancia a esta "ronda" de personalidades; la militancia, piensa, ya tendrá su momento.
Por su parte, Mariano Rajoy se mantiene, en apariencia, más tranquilo. Pero en realidad no es así. Desde hace muchos años, Rajoy utiliza una estrategia que le ha dado siempre muy buenos resultados y que ahora vuelve a poner en práctica. Discreción y esperar los fallos de los demás. Queda año y medio hasta la designación de candidato, el camino es largo y pueden ocurrir muchas cosas que acarreen la "descalificación" de sus competidores. Rajoy no quiere arriesgar todavía. Prefiere aparentar indiferencia en la carrera y apostar por su trabajo en el ministerio. Su objetivo, desde una actitud desenfadada, es la de "explotar" al máximo la proyección que le concede su cargo en el Gobierno.
Estos son los tres hombres que se encuentran en la primera línea de la sucesión, que mantienen de forma permanente un ojo en dicha carrera por la candidatura a la Presidencia del Gobierno. Pero aquí no acaba todo. El resto de "posibles", aunque se encuentran en un segundo plano, también están poniendo en práctica sus estrategias. Javier Arenas, por ejemplo, está inmerso en una trepidante actividad. Agenda repleta por media España, presencia constante en los medios de comunicación, actitud de ataque y de fidelidad a las indicaciones del presidente Aznar.
Eduardo Zaplana no para. Hay semanas que está más días en Madrid que en Valencia. Línea directa con el entorno de Aznar. Coincide con el presidente todas las semanas en algún acto. Cuidadas intervenciones públicas. Por el momento mantiene en secreto su futuro político. Angel Acebes, no ha variado su línea habitual de actuación. Trabajo y cumplimiento al milímetro de los encargos de Aznar. Además de un tiempo a esta parte Acebes ha iniciado una clara ofensiva en los medios de comunicación con más presencia y con una actitud más beligerante.
Loyola de Palacio ha comenzado, sin tapujos, a trabajar su vuelta. En principio, su mandato como comisaria en Bruselas terminará coincidiendo con la elecciones generales. Aunque puede continuar, ella quiere ya volver a la política nacional. Así lo ha manifestado en privado en algunas ocasiones. No busca con ansiedad la sucesión, pero sabe que es la única mujer que se encuentra en las listas. Está preparada para todo. Ha empezado ya su vuelta paulatina a la política nacional, que incrementará después del verano.
Como se puede ver, todos quieren estar en perfecto estado de revista, en el momento oportuno y en el lugar adecuado. En silencio, sin llamar la atención, los candidatos calientan motores. Al final, sólo uno será el elegido, pero ninguno quiere quedarse descolgado por un error de estrategia. Aznar decide, pero todos se lo quieren poner complicado.

La silenciosa campaña de los candidatos
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