Que González diga que en el PSOE no hay jefes, no deja de tener gracia. El fondo y la forma de cualquier acto socialista indica lo contrario. Hacía tiempo que no se reunían tantos y tan variados socialistas como en la presentación del Libro de Gonzalo López Alba, El relevo. Todos pugnaban por entrar en la abarrotada sala y, naturalmente, escuchar a Felipe González. Ante tan congestionado auditorio de figurones del pasado y el presente, que más parecía una sucursal de Ferraz agitada por una máquina del tiempo, González no podía dejar pasar la ocasión de dar un repaso a los suyos. En su más puro estilo, y después de soltar lo de Bono. “¿A qué habrá venido eso?”, se preguntaban muchos, llegó la reprimenda.
Cuestionó el cambio profundo, con ese “puede ser que se haya producido un segundo Suresnes”, y sembró la duda sobre la capacidad de la nueva dirección de llevar al PSOE a buen puerto con la crítica a la falta de proyecto. No contento con eso, ante tan magno auditorio dejó esta frase: "tener todo el horizonte por delante nunca ha garantizado tener buenas ideas, y tener todo el horizonte por detrás nunca ha dejado de ser una oportunidad de renovar las ideas y de pensar de una manera fresca, libre y comprometida. Por tanto, la renovación de las ideas no es un problema de biología". Y es que Zapatero, en su defensa del nuevo PSOE, dejó en muchas mentes la sensación de que los dinosaurios deben retirarse. Y marcó la diferencia, “elegantemente” dicen los suyos, con los antiguos modos del PSOE, su anterior hacer y viejas circunstancias. Frase a destacar con respecto a Suresnes a modo de golpe donde más duele:"Sin quitar mérito a los compañeros, creo que teníamos el viento a favor". Todo ello en público. ¿Será que no hablan entre ellos? ¿Tendrán razón los de Zapatero cuando aseguran que a González no se le consulta nada?
Entre sonrisas, abrazos, miradas y mucha expectación se ha producido el primer encuentro en un acto no electoral, entre González y el que no era su delfín. Al final, González, escoltado por Carmen Alborch, visiblemente satisfecho se ha sumergido en un baño de saludos y abrazos, cruzando el gentío que esperaba en el salón. Zapatero ha salido por una puerta lateral. Antes, su “ex jefe” le ha dado, como muestra del relevo, las famosas gafas de un programa de televisión, a petición, naturalmente del periodista.
No ha faltado tampoco Matilde Fernández, que ha confirmado que se marcha. Preguntada si era cierto, su frase bien sirve como colofón: “las mujeres nunca mentimos en esto, no somos como ellos”.

Sólo se va Matilde
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