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Del “decretazo” al “fracasazo”

El 20-J va a pasar a la historia de la democracia española como un auténtico fracaso para los sindicatos y el Partido Socialista. España no se ha parado y el resultado que perseguían no se ha alcanzado en ningún caso. Ahora entraremos durante días en una larga guerra de cifras y datos, pero lo único cierto es que por las calles no se ha percibido ambiente alguno de huelga general. La gran mayoría de ciudadanos ha optado por la normalidad. Quizá muchos de ellos no estén de acuerdo con la política del Ejecutivo, pero la sociedad es generalmente más sensata que sus representantes y los españoles han optado por trabajar, porque la discrepancia en democracia no tiene porqué traducirse en una huelga, y menos con las características del paro convocado por los sindicatos y jaleado por el PSOE, que buscaba una traducción política clarísima.

Es cierto que el sector industrial ha parado. Pero eso no es ningún éxito, y bien que lo saben los sindicatos. Parar las minas y las grandes fábricas no es demasiado difícil para las centrales sindicales, pues tienen una gran implantación en este sector. No en vano, aún se comportan como aquellas estructuras jerárquicas y anacrónicas conocidas antaño como “sindicatos de clase”. Ahora bien, su implantación en otros sectores es mínima, por no decir inexistente. Por ejemplo, en el sector servicios tienen muy poco poder (y escasa credibilidad), y han de reconocer que España es un país eminentemente turístico cuya industria fundamental es precisamente el sector servicios (bares, restaurantes, hoteles, comercios, etc.). Este sector sí paró en anteriores huelgas generales, cuando había un verdadero ambiente social propicio al paro como protesta contra las políticas del Gobierno, pero en esta ocasión no lo ha hecho, dejando en evidencia a los sindicatos, pero también al PSOE.

Se podría decir que esta jornada del 20-J ha sido un “paro industrial”, algo mucho más de andar por casa y menos aparatoso que una huelga general, tan cacareada a bombo y platillo. Así pues, el estrepitoso fracaso de la convocatoria –no lo duden– va a provocar una grave crisis interna en la dirección de las organizaciones sindicales. Una vez que pase la borrachera propia de cualquier acontecimiento de este tipo, tanto la UGT como CCOO deberán meditar su papel social y especialmente su perdida llamativa de influencia. En pocas semanas, al 20-J le sucederá un importante terremoto interno en el mundo sindical. Este fracaso es una clara advertencia para ellos, porque los sindicatos viven en otro mundo.

Pero por lo visto y oído, el 20-J también ha supuesto un importante fracaso político para el PSOE. Los socialistas, con Rodríguez Zapatero al frente, se habían ido embarcando descaradamente en la convocatoria de huelga. Incluyeron el 20-J como prioridad dentro de su estrategia para desgastar al Gobierno. Pero esta decisión, desde hace días, ya se percibía como claramente equivocada. El PSOE no tenía nada que ganar con esta decisión y así se ha confirmado. Su actitud beligerante, tensa y crispada no aparece como la más conveniente cuando la sociedad española está socialmente tranquila y economicamente equilibrada. Rodríguez Zapatero recordará para siempre (y para mal) este jueves. Para ellos termina muy mal este curso político. Pensaron que podían obtener rédito en esta convocatoria, pero fueron a por lana y salieron trasquilados. Han intentado dañar al Gobierno, pero todo que lo que han conseguido es reforzar la gestión del Ejecutivo.

Desde luego, el “fracasazo” de la huelga contra el “decretazo” deja el camino despejado al Gobierno para todo lo que le queda de legislatura. Los sindicatos y el PSOE deberán aprender del error, porque fallos como este no se pueden repetir, aunque sólo sea por pura supervivencia. Seguramente nadie haya ganado el partido, pero el PSOE y los sindicatos lo han perdido. Esa es la lección que deben aprender.

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