La Universidad del País Vasco se está convirtiendo, con la complicidad de aquellos que están al frente de sus órganos de Gobierno, en un auténtico territorio cerrado para el nacionalismo radical y excluyente. En ese territorio, vetado para aquellos que piensan de forma diferente, hasta el momento era público y notorio el sectarismo ejercido con el profesorado "no nacionalista". Ejemplos hay muchos, aunque no los conocemos todos. De las persecuciones que hemos tenido noticia, algunos casos recientes son muy llamativos, como lo ocurrido con Edurne Uriarte y Francisco Llera. Son dos nombres propios del claustro de la UPV que han estado y están perseguidos, que son calumniados y que sufren en su propio trabajo el sectarismo del nacionalismo.
Hasta ahora solo teníamos noticias de la estrategia excluyente con los profesores, pero era evidente que estamos ante una operación de unas grandes dimensiones. Y que, por lo tanto, si había sectarismo con los docentes, debería existir también con el alumnado. El tiempo ha confirmado lo que era evidente.
Desde la UPV se cultiva y se ayuda a aquellos alumnos que muestran una cierta proximidad con el nacionalismo vasco. No es preciso aclarar que los "favores" que reciben los presos de la banda terrorista ETA para "aprobar" las distintas carreras universitarias no son una casualidad, e incluso no son un problema de exigencia académica. Estamos ante los resultados obtenidos de una meditada actitud de fondo. Se prima a los que ideológicamente se encuentran cercanos. Se fomenta y se promociona a aquellos que están militando en el radicalismo. Estamos ante una de las características cíclicas de la historia, que aparece siempre en los regímenes dictatoriales y que es parte sustancial del pensamiento único. El nacionalismo está convirtiendo la Universidad del País Vasco en un semillero de sus cachorros, en un territorio cerrado "a cal y canto" para aquellos que den muestras de simpatías nacionalistas, en un terreno acotado para una parte de los estudiantes vascos, dejando de lado a aquellos que discrepan de la doctrina oficial. El trato "preferente" que reciben los presos de ETA en sus exámenes y pruebas universitarias son una clara afrenta para tantos estudiantes que sólo acuden a la Universidad a estudiar y a prepararse para ejercer una profesión más adelante.
El nacionalismo vasco ha permitido desde el Ejecutivo de Vitoria y ha fomentado desde el Partido la creación de una Universidad cerrada para los suyos, y en la que estudiar o enseñar es un auténtico suplicio. De esta forma están provocando una auténtico exilio de intelectuales y también de alumnos. A los primeros no les dejan enseñar sin limitaciones, a los segundos no les dejan aprender en libertad. Estamos ante una Institución Universitaria que obliga a pasar por el aro de una ideología, y exige además a alumnos y profesores participar activamente del "mismo proyecto ideológico". Con sus actitudes de "trato especial" para los presos etarras, están poniendo etiquetas a los estudiantes. Vuelven a separar en dos a la sociedad. Estropean desde la raíz la verdadera razón de existir de la Universidad. Estamos asistiendo a la mayor aberración a la que se puede someter a profesores y estudiantes: la conversión de la Universidad en una guarida ideológica.

Una guarida ideológica
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