Esta vez, la crueldad de la banda terrorista ETA ha registrado un aumento de intensidad sobrecogedor. Los asesinatos de una niña mientras jugaba en su cuarto y de un hombre mientras esperaba el autobús en una calurosa tarde de verano son, sin duda, un salto cualitativo en la ya triste y sangrienta brutalidad de quienes sólo saben asesinar por la espalda, cobardemente. Todo asesinato cometido por los etarras es un exponente de la barbaridad llevada al extremo, todos son terribles, todos son una muestra de que los asesinos son pura basura. Pero junto a eso hay algunos atentados que se convierten en una grave equivocación estratégica, incluso para mentes tan depravadas como las de los terroristas. Y esta vez, incluso dentro de sus mezquinos objetivos, ETA se ha equivocado. Se ha equivocado como siempre, pero esta vez, además, no ha calculado los efectos que puede tener este atentado.
El asesinato de dos personas en plenas vacaciones de agosto, con un coche bomba y sin llamada previa hacen de este atentado de ETA uno de los de mayor dosis de crueldad en la historia de la banda terrorista. Es un intento de imponer su ley, la ley de la selva. Pretenden hacernos creer que igual que suena la bocina de un autobús mientras paseamos por la calle, puede explotar un coche-bomba en la siguiente esquina. ETA se ha equivocado gravemente, como se equivocó en el asesinato de Miguel Ángel Blanco. No calculó los efectos políticos y sociales de aquel asesinato, como ahora tampoco ha calculado los efectos que puede tener este nuevo atentado, que, al no haber tenido un aviso previo, podía haberse convertido en una dantesca masacre.
Además con esta actitud, los terroristas están poniendo en evidencia a sus valedores. ETA está dejando a los pies de la ilegalizaciuón a Batasuna. Si Batasuna no condena este atentado, entre cuyas víctimas se incluye una niña de corta edad, además de facilitar las cosas para su ilegalización, está mostrando con una claridad absoluta su permanente complicidad con los asesinos. Una actitud que todos conocemos y denunciamos, pero que desde el nacionalismo vasco siguen empeñados en omitir, cerrando los ojos y buscando caminos conjuntos hacia la soberanía. Este atentado de ETA, por lo tanto, coloca también al PNV, EA e IU en una situación límite. Los nacionalistas quieren a Batasuna cerca de ellos, buscan su apoyo desde la abstención activa, pero con estas muertes ya no hay razones, si a alguien le quedaba alguna, para el doble juego. ETA, con estos asesinatos, deja al descubierto la estrategia nacionalista de ambigüedad, complicidad y doble lenguaje. El Gobierno vasco se ha quedado sin excusas. No son suficientes las condenas. Hay que trabajar para erradicar el terrorismo. No se puede seguir haciendo el juego a los asesinos y sus cómplices. ETA y Batasuna han mostrado sus objetivos reales y los nacionalistas se han quedado desnudos y a la intemperie.
Este atentado, en fin, abre la puerta al proceso de ilegalización de Batasuna. Además, con la carga de crueldad y de maldad de estos dos asesinatos, no hay motivos para buscar territorios intermedios. El proceso de ilegalización de Batasuna debería iniciarse en cuanto sea posible. Cuidando todos y cada uno de los pasos previstos. Con esta ilegalización del brazo político de ETA –provocada, no hay que olvidarlo, por la negativa a condenar los atentados– el nacionalismo se sitúa en una encrucijada de muy difícil salida. El PNV se está retratando con claridad. Ellos, que están buscando la complicidad política con Batasuna, una vez que esté ilegalizada deberán de definir sus objetivos sin subterfugios. Puede que nos llevemos alguna sorpresa.

La ilegalización de la crueldad
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