La llegada de José Antonio Sánchez a la dirección de RTVE y el desembarco de González Ferrari en Onda Cero está originando una permuta de cargos entre el ente público y las empresas de comunicación dependientes de Telefónica de bastante calado. Como es lógico, y estando entre amigos, el actual jefe de TVE y el cesante han querido llevarse con ellos gente de su confianza, pero ya ha aparecido una denuncia casi anónima de “la oposición”, calificando el hecho de poco ético por mezclar lo público y lo privado.
Puesto que no hay ninguna incompatibilidad legal para el intercambio de cromos de alta dirección, lo que salta a la vista es que la endogamia entre los directivos de las grandes empresas de radio y, sobre todo, de televisión es preocupante. Tanto los jefes comerciales como los encargados de contenidos van de Canal Plus a Antena 3 pasando por Tele 5 y TVE sin solución de continuidad. Todo el que puede salta de una empresa a otra para tener un buen acomodo. Lo peor de todo esto es que las medallas que pueden colgarse la mayoría de ellos son por conseguir que la oferta de programación de cadenas públicas y privadas sea idéntica en su deterioro.
Este verano, coincidiendo con la “movida” de despachos en TVE y Admira, estamos asistiendo a una de las peores temporadas en contenidos. Parece ley catódica que, a mayor movimiento de alfombras, más parálisis de ideas. Y en esas estamos. Cuando llegue septiembre veremos cómo se mueven las fichas de la programación y las estrategias comerciales, pero lo que ya tiene asegurado Sánchez es una año muy duro en el que la vigilancia política y empresarial va a ser continua, así que más vale que los elegidos para la aventura del ente público sean competentes, duros y, a ser posible con alguna idea sobre lo que sería conveniente ofrecer a los telespectadores. Esa masa que justifica sus abultados contratos.

Permuta de cargos
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