Con este artículo finaliza la serie formada por ¿Quién necesita decodificadores? 1, ¿Quién necesita decodificadores? 2 y ¿Quién necesita decodificadores? 3
El que haya probado cualquiera de los programas que se pueden descargar gratuitamente en Internet para decodificar la imagen de Canal Plus mediante los métodos estadísticos que esbozábamos en el primer artículo de esta mini serie, habrá observado que en la mayoría de las imágenes el algoritmo funciona extraordinariamente bien, mientras que en algunas pocas –notoriamente en los títulos de crédito de las películas– el resultado es bastante peor. ¿Por qué?
El mencionado método trata de reordenar las líneas de puntos de la pantalla poniendo juntas las líneas que más se parecen. El procedimiento funciona bien... salvo si muchas líneas –o todas– ¡son casi iguales! Un ejemplo claro es el de los títulos de crédito de las películas: un mismo fondo –exclusivamente negro– y puntos –exclusivamente blancos–, habitualmente centrados en la pantalla.
Es este contexto, al parecerse una línea de puntos a muchas otras, puede ir en muchos sitios. Al poder ir en muchos sitios, hay que elegir alguno de ellos sin mucha garantía de éxito, y la posibilidad de colocar una línea en el lugar equivocado aumenta. Con el agravante de que se están reconstruyendo letras, que tienen unas formas muy definidas y conocidas a priori (a diferencia de lo que ocurre con paisajes y personas) por lo que cualquier pequeña diferencia salta inmediatamente a la vista.
Y, sin embargo, lo que aquí es un inconveniente (el parecido de unas líneas a las otras), en otros casos puede ser un beneficio para el que ve la imagen codificada.
Por sorprendente que parezca, los estudiosos de las audiencias siempre insisten en que uno de los programas más vistos de la televisión es la película porno de Canal Plus. ¡Miles de personas la siguen cada semana pese a que no tienen decodificador!
Prometíamos en el último artículo explicar por qué tanta gente la ve de esta manera. Quizá exagerábamos en la consideración de nuestras capacidades de análisis sociológico: nos limitaremos, mejor, a explicar por qué es técnicamente posible entender algo de lo que pasa en estas películas pese a que estén codificadas.
En primer lugar, sus diálogos no suelen ser de lo más granado del panorama televisivo, así que su pérdida no suele entrañar una gran idem.
En cuanto a la imagen, la propia naturaleza del tema tratado lleva a que la cámara enfoque muy de cerca determinadas zonas. El enfocar de cerca es la clave, porque siempre decimos que una imagen no cambia de forma abrupta, sino muy gradual. Si la imagen es la de un variado paisaje, dos líneas adyacentes se parecerán bastante, pero líneas separadas un cuarto de pantalla serán ya muy diferentes. En cambio, si se está enfocando de cerca –muy de cerca– algo, líneas separadas ya una distancia apreciable seguirán siendo muy parecidas entre sí porque toda la pantalla muestra una zona mucho más reducida que un paisaje y que, por tanto, no ofrece tantas variaciones.
Eso quiere decir que aunque se desordenen las líneas, hay grandes posibilidades de que caigan en lugares no muy distintos a los que les correspondían, y se siga entendiendo suficientemente bien lo que hay en la pantalla.
Suponemos que una trabajada imaginación hará el resto.
Terminamos así esta pequeña serie de artículos explicando cómo se codifica Canal Plus y –tan sólo en líneas generales– cómo algunos lo piratean. Quizá haya quien piense que, criticando a El País por publicar cómo piratear los partidos de fútbol que emite su competidor, hemos acabado haciendo lo mismo.
Pero es evidente que si de sabotear a Canal Plus se tratara, habría bastado con poner, de una forma similar a como hacía El País, un enlace a alguno de los muchos programas que decodifican audio y vídeo. Y, desde luego, no nos habría hecho falta meternos en las pantanosas aguas de conceptos ingenieriles y de telecomunicaciones que al pretender mostrarse de forma divulgativa, tanto riesgo corren de no satisfacer ni a los muy técnicos (por falta de detalles), ni a los más profanos (por dificultad en su seguimiento).
Esperamos, al menos, haber mostrado a los que siguen estudios de estadística, tratamiento de la señal o electrónica, que muchos de los conceptos más bien abstractos que se ven obligados a estudiar pueden tener aplicaciones prácticas, interesantes, ¡e incluso divertidas! Por experiencia sabemos que –desgraciadamente– resaltar estos aspectos prácticos y divertidos no suele ser un objetivo de muchos de los que imparten estas materias.
También creemos que muchas de esas ideas complejas pueden entenderse más fácilmente partiendo de situaciones y efectos conocidos, como los aquí vistos.
Y si, además, tratar de entender esas situaciones resulta suficientemente motivante como para que gente "de letras" se interese y divierta asomándose al mundo de las telecomunicaciones, siquiera de la mano de cronistas mejores que el que esto suscribe, ¡miel sobre hojuelas!
Juan-Mariano de Goyeneche trabaja en el Departamento de Ingeniería Telemática de la UPM.

¿Quién necesita decodificadores? 4
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