La respuesta de los terroristas al proceso de ilegalización de Batasuna ha sido la esperada. Están haciendo lo único que saben hacer: matar y amenazar. La banda terrorista ETA ha reaccionado como era previsible, aunque con más nerviosismo del esperado. Los terroristas y sus cómplices batasunos muestran desde hace días una aparente actitud de fuerza, que en el fondo sólo muestra un gran desconcierto. No saben qué hacer con la que se les viene encima. Desde luego que pueden seguir por el mismo camino de amenazas, gritos y asesinatos; pero son conscientes de que esa vía, sin los ingresos de las subvenciones "oficiales" no tiene recorrido. ETA y Batasuna son, al fin y al cabo, un negocio montado en torno al asesinato, la extorsión, el miedo y la barbarie; y se les van a cerrar de golpe muchos cauces habituales de ingresos económicos. Sus cuentas corrientes entrarán en números rojos.
Son muchos los que viven de este montaje, son muchos los que han hecho una forma de vida de la estrategia del terror. Ahora, de repente, se van a quedar en la calle y sin dinero.
ETA y Batasuna han fabricado desde hace años una gran trama mafiosa fundamentada en las pistolas y en los coches-bomba, una estructura de apariencia política y de fondo mafioso que necesita dinero para mantenerse. Sin esos ingresos, que les llegan especialmente gracias a su presencia en ayuntamientos y en el Parlamento vasco, el negocio de etarras y batasunos se descompone.
Precisamente, la ilegalización de Batasuna, además de que la democracia pueda cumplir la obligación de no permitir que sus propios enemigos sobrevivan a su costa, tiene como uno de sus grandes objetivos "dar donde más les duele", y ese punto es el del dinero y el de sus ingresos "oficiales". Sin perros ya no hay rabia, sin dinero se puede ahogar con más rapidez de la esperada el núcleo mismo del terrorismo.
No hace muchos meses, cuando desde el Gobierno de Aznar se insistía en que la banda terrorista ETA y Batasuna eran lo mismo, el nacionalismo vasco y sus compinches de Izquierda Unida clamaban por las acusaciones del Ejecutivo de Madrid. Hoy, cuando la unidad de criterios, de objetivos y de estrategias es evidente, ya nadie duda de esa identidad. Pero ahora, la argumentación que se esgrime desde el PNV es que la ilegalización de Batasuna es peligrosa, va a provocar una gran tensión política y los efectos van a ser perjudiciales para todos. Como pueden observar, son "razones de peso" avaladas por la trayectoria de ineficacia, incoherencia y mentiras a las que nos tienen acostumbrados los nacionalistas.
Etarras y batasunos están nerviosos, desconcertados y no aciertan a reaccionar. Pero el nacionalismo vasco va mucho más allá. Está entrando en un periodo de absoluto descontrol. Obsesionados por salvar a Batasuna, los nacionalistas han entrado en una dinámica de complicidad abierta con el brazo político de ETA. El nacionalismo vasco se ha sumergido en una espiral de torpeza y de enquistamiento que no permite rectificación alguna. Se está cerrando todas las puertas bruscamente conforme avanza a toda velocidad por un camino sin retorno, de la mano de Batasuna, que ellos mismos han emprendido, como lo confirman sus propias declaraciones. Ellos han escogido sus compañías. Y ellos han escogido su triste futuro.

Ilegalizar el negocio del terror
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