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Estertores de muerte

Con un mínimo de proyección histórica deberíamos marcar y señalar en rojo en el calendario, todo lo que está ocurriendo estos días del mes de agosto. Ante la inminente ilegalización de Batasuna, la banda terrorista ETA y su brazo político han utilizado los viejos resortes de amenazas, de advertencias y de insultos pensando que el resultado podría ser el del temor y la falsa prudencia. Y se han encontrado de bruces con la contundencia, la claridad y la eficacia de la ley. Ante la legalidad, las "machadas" de Batasuna se quedan en una simple pataleta.

El dato que ha hecho público el Gobierno habla por sí solo. En veintitrés ocasiones Batasuna ha violado la Ley de Partidos. En dos meses. Hasta ahora, ante esa actitud de ilegalidad que ha sido la habitual en los cómplices de ETA, no había mecanismos legales, que ofrecieran una segura eficacia para atajar una situación establecida fuera de la ley. Las iniciativas emprendidas –tanto la ilegalización de Batasuna como la suspensión de actividades del citado partido político– tienen como objetivo poder dar carta de naturaleza con la ley en la mano a una realidad. Batasuna desde hace años actúa fuera de la legalidad. Batasuna ofrece desde siempre un apoyo incondicional al terrorismo; es la estructura sobre la que se organiza el apoyo logístico y económico a los terroristas. Es, en definitiva, la cobertura política de una amplia organización terrorista.

Batasuna se siente acorralada. Rodeada por todas partes y sin una posible salida. La irrupción de Arnaldo Otegi en la escena, con sus habituales "bravuconadas", nos enseña que el nerviosismo está perfectamente asentado en los cómplices de ETA. Ellos siguen amenazando a todo el que se mueve, insultando a unos y a otros. Pero está vez no es suficiente. Esta vez va en serio. Es el principio del fin. Los batasunos saben perfectamente que pueden estar asistiendo a las últimas horas de su "aparente" organización política. No hay tiempo para más ficción. Batasuna es ETA y ya no hay más dudas. Batasuna es ETA y por lo tanto es también terrorismo en estado puro. La falacia ha terminado. Por desgracia, no hay que descartar que reaccionen con atentados y con coches-bomba, pero ciertamente esa reacción sería la misma sin ilegalización. ETA mata y sólo sabe matar. Por lo tanto, una teórica reacción violenta de los terroristas no podría ser nunca una excusa para no llevar adelante las iniciativas emprendidas para ilegalizar a Batasuna.

Y mientras los batasunos comienzan a ser conscientes de que pueden estar viviendo sus últimos días como partido político, el nacionalismo vasco se encuentra en una situación considerada como el mayor de los ridículos. El nacionalismo vasco que siempre ha jugado a la indefinición oficial y a la complicidad bajo cuerda con Batasuna se encuentra entre la espada y la pared. Los actuales dirigentes del nacionalismo están donde se merecen, han llegado al lugar que ellos mismos se han buscado. El PNV y EA no pueden ahora asombrarse por lo que está pasando. Su inoperancia, su incongruencia, su ineptitud, pero especialmente su miedo y su temor a los terroristas, les ha conducido a la trampa en la que se encuentran. Los nacionalistas vascos han buscado unos aliados políticos que ahora pueden ser ilegalizados. Los nacionalistas vascos han jugado con fuego, han coqueteado con los cómplices del terrorismo y ahora han quedado en evidencia. Mientras que no reconozcan su error, seguirán fulminando su propio futuro político. Aquellos que se dejan dominar por el miedo en política, al final, terminan siendo víctimas de sus propios errores.

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