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La ventriloquia nacionalista

Una vez ejecutado el auto del juez Garzón, la declaración-reacción de dos personajes relevantes del nacionalismo vasco nos sitúa, una jornada más, ante el descaro con el que se descubren las cartas del Gobierno de Vitoria, el PNV y EA. Escuchar al consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, y al portavoz del PNV, Joseba Egibar, nos confirma a todos con quién están los nacionalistas vascos. En ésta su última pataleta política, el nacionalismo está explicando la letra pequeña de su verdadera actitud: su estrategia de complicidad con Batasuna. No tienen el más mínimo pudor para utilizar los mismos argumentos que los batasunos a la hora de criticar la iniciativa del juez Garzón, así como la decisión del Congreso de los Diputados de instar al Gobierno para que inicie el proceso de ilegalización de Batasuna.

Azkarraga y Egibar, de la mano en sus ataques y paranoias, nos muestran sin escondites cuál va a ser la línea de actuación de todo el nacionalismo en los próximos meses. De todas formas, en estos momentos no estaría de más recordar los "aparentes" desmarques que el PNV y EA teatralizaron después de las últimas elecciones en el País Vasco. Entonces intentaron "lavar" una imagen manchada por la colaboración pública con Batasuna en la anterior legislatura. Ahora, después de unos meses de un "mentiroso" distanciamiento, vuelven a quitarse la careta, defendiendo "a capa y espada" los intereses del brazo político de ETA. El consejero vasco de Justicia vuelve a recordar, como hicieron los batasunos, que el 26 de agosto ha sido un día negro para la democracia y ha acusado al juez Garzón de no ser independiente. Mientras tanto, el portavoz del PNV asume como propias las ideas de Batasuna cuando dice que todo lo ocurrido está acelerando el proceso de emancipación nacional.

No son interpretaciones. La realidad es que entre nacionalistas y batasunos hay identidad plena, unidad de criterios, similitud de estrategias y coincidencia de objetivos. Lo suyo es demasiado parecido. Hay una excesiva coincidencia entre los unos y los otros. Los modos destemplados del nacionalismo tras las últimas iniciativas para acorralar al mundo del terrorismo nos colocan ante una realidad: cerrada Batasuna, los partidos nacionalistas están dispuestos a ser los altavoces del brazo político de ETA. A día de hoy, escuchar a Azkarraga o a Eguibar es como escuchar a Otegi. Parecen muñecos a los que la propia Batasuna se encarga de poner voz para que transmitan sus mensajes. Las pruebas lo demuestran.

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