La incontinencia verbal del portavoz del PNV ha dejado, involuntariamente, al descubierto el verdadero fondo del entramado que el nacionalismo está elaborando desde hace tiempo. Lo dicho por Joseba Egibar nos muestra que la aceptación generalizada que ahora mismo existe en la opinión pública de que la banda terrorista ETA y Batasuna es lo mismo, está haciendo mucho daño a la estrategia política diseñada por los nacionalistas, para su propia supervivencia.
Consultando la hemeroteca los datos lo confirman. Fue en efecto el Partido Socialista quién puso encima de la mesa la iniciativa del Pacto Antiterrorista que vio la luz en diciembre de 2000. Pero junto a eso será también justo reconocer que el mensaje de que ETA y Batasuna comparten objetivos, medios y organización está elaborado y lanzado por el presidente Aznar. Poco después de los atentados del 11 de septiembre, el Jefe del Ejecutivo inició una gran ofensiva mediática en la que repetía una y otra vez dos ideas: todos los terrorismos son iguales y ETA-Batasuna son lo mismo. Esta identidad orgánica es lo que está ayudando ahora a desmontar, a fondo, toda la estructura de la banda terrorista. Iniciado el proceso de ilegalización del brazo político de ETA está quedando al descubierto, sin ninguna duda, esa unidad de acción. Es más, se está evidenciando que Batasuna es simplemente un parapeto político y económico para el terrorismo etarra. Batasuna se ha convertido en una fachada pública de la banda terrorista. Batasuna es, en definitiva, el parachoques de los terroristas y el escondite de los asesinos.
Por todo esto, cuando vemos como se rebela Joseba Egibar defendiendo la independencia de Batasuna de la actividad terrorista, realmente está reconociendo que el desmontaje de la farsa ETA-Batasuna está haciendo mucho daño al nacionalismo. Desde el PNV y desde EA se lleva mucho tiempo jugando a "entenderse" con Batasuna como una fórmula mágica para no se sabe qué solución política. Desde el nacionalismo vasco se lleva demasiado tiempo ofreciendo cobijo y cobertura a los batasunos, como único camino para una pacificación ficticia. Desde el Ejecutivo de Vitoria se ha permitido, durante años, la actividad del brazo político de ETA, sin trabas de ningún tipo. Un doble lenguaje que ha llevado al nacionalismo a colocarse automáticamente más cerca de los amigos de los terroristas que de las víctimas. Para los primeros siempre hay excusas, para las segundas sólo existen los reproches.
El reconocimiento legal, político y mediático de que ETA y Batasuna es lo mismo se ha convertido en uno de los logros más importantes alcanzados en las últimas décadas en la lucha contra el terrorismo. Poder actuar contra el brazo político de ETA con todo el respaldo de la ley, es una de las medidas más eficaces que se pueda ejecutar contra la organización terrorista. En definitiva, la actuación que en defensa propia están manteniendo los demócratas está llevando a Batasuna al final de su existencia y está colocando al nacionalismo frente a su realidad. Ilegalizar el brazo político de ETA es el comienzo del final del terrorismo, pero también es el inicio de una crisis en el nacionalismo vasco de enormes dimensiones. Ellos insisten en sus errores, mientras que sus alianzas políticas se desmoronan y sus amigos son descubiertos. Cada uno se está recolocando ahora en su lugar, en su verdadero lugar.

La madre del cordero
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