Dos de septiembre. Comienza el curso político. Un curso importante y decisivo para el Partido Popular. Las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes mayo y la elección del sucesor de José María Aznar van a ser las claves de la actualidad política en los próximos meses. Un curso que el PP inicia con un claro retroceso en las encuestas y con una perdida importante de apoyo entre los ciudadanos que votaron al partido de Aznar en las elecciones de 2000. Las encuestas del CIS, que conocimos el pasado mes de agosto y que colocan a cuatro puntos de distancia a los dos grandes partidos, han cambiado muchas cosas. No tanto por la diferencia de cuatro puntos entre el PP y el PSOE, como por el recorte que ha realizado el Partido Socialista en pocos meses.
La dificultad, pues, para los populares, no está tanto en los aciertos ajenos. El gran problema aflora desde dentro. Los populares son conscientes de sus errores, de su falta de presión en la labor de Gobierno y de su falta de coordinación interna. Una lista de equivocaciones que conocía bien el propio Aznar y que fue la razón más importante para realizar la profunda crisis de Gobierno del pasado mes de julio.
Dicho esto, el Partido Popular inicia el curso político con la obligación clara de obtener unos muy buenos resultados en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Es el próximo examen político que tiene los populares y que no pueden suspender. La posible perdida de los Ayuntamientos de algunas capitales de provincia e incluso de algún Gobierno autonómico podría provocar una crisis de muy importantes repercusiones internas. Conscientes de todo ello, en el PP han diseñado una gran ofensiva cuasi-electoral para los próximos meses con decenas de actos públicos y convenciones. La presencia de José María Aznar en la política nacional va a ser permanente, con el objeto de recuperar el terreno perdido.
En todo caso, si la recuperación prevista por los populares no se consolida, el efecto más inmediato podría ser el adelanto para antes del verano de la sucesión de José María Aznar. Esa elección está prevista para el próximo otoño, y aunque oficialmente se mantiene, no faltan voces importantes en el Partido Popular que piden adelantar la designación del sucesor para no dar más ventajas al Partido Socialista. Los mismos que piden el citado adelanto piensan que ese gesto podría tranquilizar las aguas turbulentas.
Con todo este panorama a la vista, cobra una especial importancia lo dicho por el secretario general del Partido Popular. Javier Arenas reconocía que, para el PP, la clave del éxito estará en administrar bien los tiempos en los próximos meses. No le falta razón. El rompecabezas tiene muchas piezas. No es suficiente con colocar cada una de ellas en su sitio, hay que hacerlo en su momento. Ni antes, ni después. Los populares deben de tomar muchas decisiones importantes de carácter estratégico. El PP no puede equivocarse en ninguna de ellas, deberá medir correctamente los tiempos y tendrá que valorar en su punto medio a los adversarios políticos. Evidentemente, ya no hay tiempo para más probatinas, ni para más divertimentos. Este curso para el PP es decisivo. Y aunque intentan rebajar la tensión, ya no hay margen para errores. Los populares deberán administrar correctamente los tiempos.

Administrar los tiempos
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