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Las ficciones socialistas

El aparente momento dulce que, dicen, atraviesa el líder del Partido Socialista tiene una significativa dosis de ficción. Es cierto que, de puertas adentro, parece que la autoridad de José Luis Rodríguez Zapatero comienza a no ponerse en duda. Una reacción interna que no ocurría desde la salida de Felipe González de la Secretaría General. Zapatero, mal que bien, ha conseguido un cierto consenso en torno a su persona, y en estos momentos no se cuestiona su candidatura a la Presidencia del Gobierno.

Pero no hay que engañarse, el liderazgo interno de Zapatero tiene una solidez artificial. Un liderazgo que nadie discute, pero que muchos no respetan. Nadie lo pone en duda, pero todos se aprovechan de la falta de disciplina interna. Pascual Maragall, Odón Elorza o Gema Zabaleta son tres ejemplos de la falta de verdadera autoridad en los pasillos del PSOE. Es decir, nadie pone en duda que Zapatero siga adelante en su puesto, pero al mismo tiempo cada uno "campa por sus fueros". Todos quieren a Zapatero, puesto que él deja hacer, sin poner coto a los muchos caprichos políticos. Pero a la hora de la verdad, cuando se entra en faena y se baja a la letra pequeña de la doctrina de la dirección del partido, las discrepancias son públicas y notorias. No existe la disciplina interna necesaria. Es decir, detrás de esa actitud de respeto, pervive una verdadera situación de descontrol. El que quiere ser "conflictivo" puede ejercer como tal, puesto que nadie intenta reconducir ninguna posición que ofrezca una mínima señal de complicación.

Además, el liderazgo de Zapatero tiene otro engaño en su propia estrategia: la ausencia real de un verdadero proyecto alternativo al Gobierno. Una cosa es salir "bien parado" del Debate sobre el Estado de la Nación, y otra muy diferente es ofrecer un sólido programa que tenga gancho electoral y credibilidad social. Zapatero está todavía muy lejos de poder hacer gala de un programa de gestión. Lo habitual es encontrar en sus iniciativas ramilletes de propuestas contradictorias, superficiales, genéricas e irreales. Al final, estamos donde estábamos. Zapatero tiene encarriladas las formas, pero no el fondo. El proyecto del líder socialista está más cerca de la ficción, que de la realidad. Parece ir sobre ruedas cuando todavía no ha puesto los cimientos de un verdadero liderazgo político. Y las elecciones primarias del próximo mes de octubre serán una nueva capa de barniz, pero no resolverán los problemas internos del PSOE. Los socialistas no se quieren enterar de que no basta echar tierra sobre ellos. Las apariencias en política terminan fracasando.

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