Las pretensiones europeas de José María Aznar es un secreto a voces dentro y fuera de España. Su objetivo, cada vez menos oculto, de convertirse en el primer presidente con poder ejecutivo del futuro Consejo Europeo se observa con mirada constructiva en distintos foros internacionales. Se recibe positivamente en el Partido Popular español y no se desmiente en su entorno mas cercano.
Ciertamente, no estamos asistiendo a un capitulo de política ficción. Desde luego, es una posibilidad creíble que José María Aznar se convierta en la primera cabeza visible de la Unión Europea una vez haya concluido la reforma institucional que está en marcha. El calendario así lo indica, por lo que Aznar podría aterrizar en Bruselas en 2005, pocos meses después de abandonar el Palacio de la Moncloa.
Para que todo esto pueda llegar a buen puerto hay un paso imprescindible: la citada reforma institucional europea a través de la futura Constitución de la UE. Sobre el texto ahora discuten los grandes partidos europeos y marcara el verdadero carácter, personalidad y contenido del futuro Consejo Europeo. Curiosamente, Aznar se está encontrando en este debate mas problemas entre sus colegas populares europeos que entre las filas socialistas a la hora de diseñar el nuevo Consejo.
Sin ir mas lejos, en la reunión de los primeros ministros populares celebrada en Cerdeña, en la mansión de Silvio Berlusconi, el presidente del Gobierno español se ha encontrado de bruces con la oposición de Alemania, Holanda y Luxemburgo para dotar al futuro Consejo Europeo de poderes ejecutivos. La propuesta de la CDU alemana está cargada de todos los tics políticos de su país. Quieren que el Consejo tenga un carácter mas parlamentario y menos presidencialista. Precisamente de esas dos definiciones tan distintas depende el futuro político de José María Aznar en la Europa comunitaria.
Es posible que pueda ganar la batalla, pero se va a poner a prueba su verdadero liderazgo entre sus colegas europeos. No hay que olvidar que, durante años, el Partido Popular español fue la única formación europea de centro-derecha en el poder y, por lo tanto, el presidente español era el líder natural del PPE. Pero las cosas han cambiado y ahora son media docena de países comunitarios, sin contar con los de la ampliación, los que tienen un gobierno con las siglas populares. Como consecuencia, ahora son varios los primeros ministros que tienen ambiciones políticas europeas, y Aznar está obligado a compartir el protagonismo.
Con todo ello, esta nueva situación y la inminente reforma institucional de la UE hacen que los próximos meses se conviertan en decisivos para el futuro político de Aznar en Europa. La posibilidad de que el presidente pueda aterrizar en Bruselas con todos los honores y con todos los poderes va a depender de la letra pequeña de la futura Constitución Europea. Y, por el momento, Aznar se ha encontrado el enemigo en casa.
Empieza una carrera de obstáculos en la que deberá moverse con discreción y prudencia. Europa no se puede manejar como la política nacional. Aquí no valen los esquemas utilizados en el día a día nacional. Un paso en falso podría desbaratar toda la estrategia. Pero por el momento, los problemas surgen desde dentro del Partido Popular Europeo, y aquí no vale decir eso de “ahora no toca”. En Europa, siempre toca.

El enemigo en casa
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