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El puesto de caramelos

El PSOE insiste una y otra vez. Los socialistas siguen empeñados en hacernos creer a todos que la política es tan simple como vender caramelos. Pero la realidad es muy diferente. No es suficiente con que el caramelo tenga un aparente envoltorio, aquí lo importantes es el contenido; y en eso, por el momento, fallan de forma estrepitosa. A los socialistas de Zapatero les cuesta argumentar solidamente sus estrategias, y lo que es peor, ofrecen una actitud cambiante e infantil. Hoy dicen una cosa, mañana la matizan y poco después, sobre lo dicho con anterioridad, ya no se acuerdan. Eso sí, el envoltorio es bonito y cuidado, pero en el interior el chasco vuelve a ser estrepitoso.

El último ejemplo lo hemos tenido con la inminente crisis de Irak. Rodríguez Zapatero, primero ante su grupo parlamentario, anunció a bombo y platillo que era momento para el diálogo y no para las intervenciones militares. Pocas horas más tarde ha empezado a cambiar el mensaje, para terminar diciendo en la sesión de control al Gobierno que no se opone al ataque, previa conformidad del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Con tanto cambios podemos esperar cualquier cosa, por lo que habrá que seguir muy de cerca lo que pueda decir, pues seguro que seguiremos percibiendo esta continua "evolución ideológica". Y es que en el Partido Socialista siguen pesando los complejos "progres", su propia experiencia en el Gobierno, la falta de disciplina interna y la pobreza de un proyecto alternativo.

A Rodríguez Zapatero le cuesta fijar posiciones sobre los grandes temas , pero una vez que consigue formar una opinión, comienza una carrera de improvisaciones que al final desemboca en una posición bien diferente a la primera. Los cambios permanentes y continuos, la ausencia de una continuidad en las distintas políticas, la imagen de inmadurez política y la desconcertante actitud camaleónica dejan una impronta de un proyecto poco creíble y realista.

En política, hay ocasiones en que ser "encantandor de serpientes" puede ser útil para parar un golpe determinado. Pero que nadie se olvide de que estamos en una carrera de resistencia, por lo que siempre terminan aflorando las carencias y los errores. Zapatero puede ofrecer sus propuestas con unos envoltorios aparentes, pero no estamos en un puesto de caramelos. En todo caso, estamos en la fábrica, un lugar donde lo básico son las materias primas, no las apariencias.

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