David Delfín era un diseñador casi desconocido hasta que decidió aprovechar su desfile el día de clausura de “Pasarela Cibeles” para hacer una puesta en escena “arriesgada” de su colección para mujer. Tan arriesgada fue que hizo que el presidente de IFEMA abandonara el local, pero tan efectiva, desde el punto de vista publicitario, que, inmediatamente salió en todos los telediarios y ha sido primera página en la prensa de papel.
David Delfín, del que algunos expertos dicen que tiene propuestas interesantes, sufre un trastorno que se da mucho en el mundo de la moda: coger un empacho de referencias culturales y artísticas y llevarlas a la banalidad más absoluta. David parece que se armó un taco con el surrealismo. Se puso ciego de ver a Buñuel y Dalí y pensó copiarles su lado irreverente con la religión. Luego se quedó colgado de Magritte, el artista y publicista que ha inspirado más anuncios en los últimos treinta años, y le cogió la idea de los sin rostro. La lectura de Breton le acabó de hinchar la cabeza y, finalmente, en su propuesta de lanzamiento, se alineó con la rama de la moda que se hace la maldita en temas sociales, frente a la caritativa-glamourosa. Con ese cóctel no es extraño que consiguiera un ejemplo redondo de moda imbécil.
El provocador Delfín tuvo un comportamiento sádico y autoritario con las modelos, que a punto estuvieron de descalabrarse al ir con capuchas. Sabemos que hay muchos diseñadores de ropa y zapatos de mujer que les hacen modelos asesinos, pero que se lleve a la pasarela con la aceptación de las chicas es menos frecuente. Como el año pasado quitarse el “burka” en los desfiles fue la superficial aportación del mundo de la moda como denuncia del trato talibán a las mujeres afganas, este año los malditos se la tenían que montar de cubrirles la cabeza a las chicas. Esta es la gran aportación de Delfín al mundo de la moda como manifestación cultural. Una mezcla entre la publicidad de Benetton, la misoginia de vanguardistas de hace 80 años y la tontería propia de quien cree que puede reproducir la mixtura de las artes como si fuera Delauney, Chanel y Dalí juntos.

La moda imbécil
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