Los medios de comunicación marroquíes, sabiamente orientados, intentan estos días presionar al gobierno español y especialmente a la ministra de Exteriores para que acepte lo inaceptable, esto es, que Ceuta, Melilla y los Peñones (Vélez, Alhucemas y Chafarinas) sea el tema obligado y casi único en la reunión que el próximo lunes por la tarde mantendrán en Madrid los ministros de ambos países para recuperar o mejorar unas relaciones que son malas por no decir pésimas.
Aunque probablemente quienes inventan y promueven este tipo de campañas creen que podrán torcerle el brazo al gobierno español en este y otros asuntos, lo que están logrando es precisamente lo contrario. No hay gobierno ni ministro o ministra de Exteriores español que se pliegue a este tipo de presiones aunque a veces el mensaje ambiguo de los últimos días pudiera sugerir lo contrario.
El gobierno marroquí debería aprender de sus errores más recientes. Por ejemplo, el intento de obligar a la diplomacia española para que apoyase su plan de “autonomía para el Sahara” (integración a plazo en la soberanía marroquí) fracasó palmariamente porque a Benaisa o al rey Mohamed VI no se le ocurrió otras cosa que retirar al embajador e iniciar una feroz campaña de insultos y agravios para que “los españoles se vayan enterando” según reconoció una personalidad muy próxima al Palacio de Rabat. Resultado: España ha reiterado hasta el cansancio que no aprueba el plan en cuestión y que la única solución para el Sahara occidental sigue pasando por un referéndum de autodeterminación aplazado desde hace casi treinta años.
Cuando se chantajea a alguien o se intenta que trague cualquier pócima hay que saber con quién se juega uno los cuartos y qué reacción tendrá la víctima. Los consejeros del “joven rey” Mohamed VI han demostrado en los últimos meses una patética ignorancia no sólo de quienes son y cómo piensan los españoles sino también de los límites hasta los que pueden llegar en su tientos y caracoleos. Por el camino que van no lograrán desde luego lo que pretenden o dicen pretender. Qué diferencia con el antecesor del monarca actual, Hassan II, monarca feudal sin duda pero fino estilista y sutil diplomático. Finura, sensatez e inteligencia les faltan dramáticamente a los consejeros del malik y desde luego al ministro Benaisa convertido por arte de birlibirloque en un ultra.
En cuanto al menú que la parte marroquí intenta imponer el lunes a la ministra Palacio tal vez sería el momento de abandonar las frases almibaradas y recapacitar en lo que se dice, sobre todo en público, a veces para salir del paso. Ha sido, por ejemplo, un error monumental de la ministra haber declarado hace una semana al diario Le Figaro que España y Marruecos compartían las responsabilidades en el tema de la emigración ilegal entre otras cosas porque ése debe ser el tema principal de la reunión. Pero peor ha sido todavía dar a entender que, aunque España mantenía firmes sus principios, hablar de Ceuta y Melilla no comprometía a nadie.
Dicho todo esto y a la espera de lo que suceda el lunes, no cabe duda de que las relaciones hispano-marroquíes son muy importantes para la diplomacia de ambos países y deben normalizarse y, si es posible, mejorar en la forma y en el fondo. Pero para ello habrá que cambiar de métodos, lenguaje y contenidos. Nada fácil, por cierto.

Menú impuesto y respuestas adecuadas
En Portada
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida