Han sido sus propios enemigos dentro del partido los que le han resucitado. Muchos insignes populares corrieron presurosos, en su momento, para enterrarle; pero cometieron un grave error de cálculo: lo hicieron antes de tiempo. Sus enemigos internos, que le abrazan y le aplauden en público, no han tenido recato en descartarle en privado. Pero esa ha sido su propia trampa. Descartar a Rodrigo Rato en los primeros recodos de la carrera sucesoria, es precisamente lo que ha proporcionado al vicepresidente segundo del Gobierno el aire necesario para seguir en la primera línea de combate.
Hace un año, cuando Rodrigo Rato, que sabe lo que hace, en esta cuestión exteriorizaba su cansancio ante el futuro, estaba tendiendo una cruel trampa al resto de los sucesores, al tiempo que enviaba un claro mensaje al presidente Aznar. Entonces, en aquella famosa entrevista en un diario nacional, exteriorizaba un amago de descolgarse aparentemente de la sucesión. Nada más lejos de la realidad. Con aquel anuncio, Rato estaba recordando al presidente que él no tenía en posesión exclusiva el reloj y el calendario de la sucesión. Dicho de otra forma, que José María Aznar tendría que contar con el "núcleo duro" del partido para decidir los pasos y los tiempos del candidato. Y al mismo tiempo, al resto de competidores les advertía de que nadie se llevara a engaño: Rato era capaz de dinamitar cualquier situación de aparente tranquilidad.
Desde entonces han pasado muchos meses. Y aunque la superficie parece plácidamente tranquila, el fondo es cada vez más turbulento. Rodrigo Rato, después del verano, ha vuelto dispuesto a dar su batalla, con la ventaja de que en esta historia están todos ya retratados. Hablan de paz, y están en la guerra. Una guerra, humanamente comprensible, pero que pretenden esconder a la opinión pública. Rato ha vuelto a tomar aire y fuerza, además de movilizar a todos los fieles a su candidatura, que por cierto son muchos. Los ejemplos no faltan y ninguno de ellos es una casualidad. El último en el tiempo ha sido Cristóbal Montoro. El ministro de Hacienda, haciendo gala de una aparente ingenuidad, pero con una intencionalidad meridiana, ha dicho que el sucesor de Aznar deberá ser un buen conocedor de la economía española. Una adivinanza política, con una sola respuesta: Rodrigo Rato.
A menos de un año ya para la elección del sucesor, Rodrigo Rato no se ha retirado de la pelea. Sabe que la política es una carrera de largo recorrido y que lo importante es aguantar el tirón. A estas alturas, todos saben, incluidos sus enemigos, que "Rodrigo" sigue estando ahí. Mientras que no se demuestre lo contrario. sigue siendo el primero de la lista. El primero de la clase.

Rodrigo no se va
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