El espectáculo que han ofrecido en el Congreso de los Diputados el presidente Aznar y el líder del PSOE Rodríguez Zapatero ha sido ciertamente desalentador. Uno y otro se han pasado la mañana del día de la Constitución echándose los trastos a la cabeza, escondiéndose y jugando al ratón y al gato. Aznar acusando de desleal e irresponsable a Zapatero, Zapatero esperando como niño bueno que fuera llamado por Aznar para el anunciado encuentro entre los dos. Y mientras tanto en Galicia la “marea negra” sigue campando por su anchas, aunque la mejoría del tiempo en las últimas horas está facilitando las tareas de recuperación de las costas gallegas.
El juego ofrecido por uno y por otro deja a la clase política ante la opinión pública en una situación lamentable. Hay ocasiones en las que hay que saber dejar de lado las guerras electorales y las intenciones partidistas para colocarse cada uno en su sitio. Y en esta ocasión ninguno de los dos ha estado a la altura de las circunstancias.
Aznar puede tener razón en algunas de las acusaciones que ha realizado sobre Rodríguez Zapatero. El líder del PSOE, como tantas otras veces, ha basado su línea política en golpes de efecto inesperados. Es más, la oposición está llevando a trompicones la crisis del Prestige, con cambios de estrategia y exigencias fuera de lugar. Pero lo que está claro es que el presidente del Gobierno debería romper por lo sano esa actitud del jefe de la oposición. Llamar a Zapatero, escucharle y desactivar políticamente cualquier maniobra socialista. De esta forma conseguiría evitar el desgaste político de su Gobierno, pero sobre todo el Ejecutivo ofrecería una imagen de trabajar en exclusiva, en beneficio de los ciudadanos.
Zapatero, para recomponer la situación, tendría que reconocer
que en esta cuestión del Prestige ha estado dando tumbos. Hoy aquí, mañana allí. Propuestas descabaladas y anulaciones de viajes de última hora. Zapatero debería ser consciente de que en esta ocasión, sus habituales golpes de efecto no valen para nada. Aquí no hay efectos que valgan, sólo vale la eficacia y el trabajo en equipo de todos los partidos pensando en los ciudadanos, no en los votantes. Zapatero más allá del impacto mediático debería rellenar su discurso político con contenidos y acciones de cierto calado. Los efectos valen para lo que valen, pero en sí mismos no pueden ser el motor de una estrategia política.
Por lo visto en el Congreso en la mañana constitucional, Aznar y Zapatero se divierten jugando al ratón y al gato. Los ciudadanos mientras tanto observan disgustados y asombrados, el triste espectáculo. ¡Una pena¡

El ratón y el gato
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