El enfrentamiento parlamentario entre el presidente Aznar y el líder socialista Rodríguez Zapatero ha sido, sin duda, uno de los más duros en el fondo y en la forma de la presente legislatura. Zapatero ha dicho de Aznar que es un mentiroso y le ha pedido que recupere la dignidad perdida del Estado. Aznar por su parte le ha advertido que con su actitud en esta crisis ha manchado para siempre su "curriculum" de insolidaridad y deslealtad.
Como se puede observar, un verdadero intercambio de acusaciones e incluso de insultos que han desvirtuado la verdadera utilidad del escenario parlamentario en una circunstancia de estas características.
Si tenemos que medir en cubicaje político quién ha ganado en la sesión de control de este miércoles, no hay ninguna duda de que lo ha hecho el presidente del Gobierno. Aznar ha estado resolutivo, con capacidad de reacción y buena respuesta. H estado muy despierto, dejando contentos a los suyos, que le han jaleado desde sus escaños como en las buenas tardes parlamentarias. Por su parte, Zapatero, que ha llevado su intervención escrita, ha escondido detrás de un fuerte ataque contra Aznar un intento de justificar los permanentes cambios de estrategias en esta polémica. Ha intentado, sin éxito, dar forma y argumentación a una actitud cambiante y desconcertante desde las filas socialistas en el desastre del Prestige.
En fin, la sesión de control de este miércoles nos ha vuelto a situar ante una evidencia. Aznar ha cometido errores graves, que ha reconocido por el momento sólo con las palabras pero no con los hechos; mientras que Zapatero ha ido dando bandazos en una cuestión que para él era un verdadero examen sobre su capacidad de liderazgo. En esta ocasión, los dos se han "pegado" parlamentariamente, incluso ha ganado sobradamente el presidente. Pero, ¿qué utilidad tiene esto cuando los vientos y las corrientes amenazan con una nueva marea negra?.¿Qué interés puede tener para los ciudadanos cuando el "Prestige" sigue soltando fuel a toda máquina?
En la sesión de control ha ganado Aznar, aunque cada cual ha intentado hacer gala de su parte de razón. Pero al final, mirando las playas gallegas todo se convierte en anécdota. Lo más grave es que la clase política sigue atrapada por el "chapapote". Ciegos por el fuel, se siguen creyendo el centro de la historia, cuando realmente los ciudadanos tienen otras inquietudes y otras preocupaciones. Aznar y Zapatero echan un pulso, mientras los voluntarios siguen trabajando. En esta ocasión, los políticos están perdiendo el tiempo enzarzados en sus "guerrillas". Están fuera de sitio y lugar, lo dicho: "atrapados por el chapapote".

Atrapados por el chapapote
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