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Demasiada demagogia

¿Es, de verdad, tan duro exigir que, en esta áspera historia del Prestige, toda retórica política sea reducida al grado cero y que, de una maldita vez, se deje oír la voz del conocimiento?

La verdad no tiene por qué ser consoladora. La retórica lo es –o busca serlo– casi siempre. Pero con la tan plácida retórica se va siempre, de cabeza, a la catástrofe. La desolada verdad permite –sólo ella permite– comprender y, a veces, sólo a veces, atenuar algo del mal acaecido.

Y el primer drama –y no el menor– de la catástrofe provocada por la mafia rusa ante las costas gallegas ha sido la absoluta privación de lo esencialmente debido a los ciudadanos: la exacta información técnica sobre lo sucedido: sus causas, su desarrollo, sus consecuencias. La maldita obscenidad de los políticos arrojándose mierda los unos a los otros, tal vez sea interesantísima para ellos y para las respetables familias que de su sueldo viven. A los ciudadanos, no sólo nos trae al fresco, decididamente nos repugna. Si los políticos españoles desean acentuar la ya palpable desafección que sus votantes sienten hacia ellos, no tienen más que perseverar en esa actitud suicida.

Un mes después de la catástrofe, aquello que es lo único acerca de lo cual deben ser exigidas cuentas claras sigue en el más hermético de los silencios.

— No se conoce el nombre los miembros de la comisión técnica que tomó la decisión de alejar el Prestige y propiciar su hundimiento, en vez de llevarlo a puerto. Ni uno solo de sus argumentos nos ha sido expuesto de una manera precisa.

— No se conoce la argumentación científica (y la autoridad de quienes la defendieron), conforme a la cual el fuel se solidificaría a los 2’3 grados centígrados y 350 atmósferas a los que hoy se halla sometido.

— No se ha dado aún versión definitiva de si es ésa la hipótesis con que siguen operando los asesores científicos del Gobierno –suponiendo que existan– o si lo es, por el contrario, el firmado experimento de laboratorio, encargado por el gobierno francés, que, tras reproducir en cámara presurizada las condiciones exactas del fuel del Prestige, concluía que ni se producía solidificación ni aumento de densidad, y que, por consiguiente, el fuel apresado en los tanques seguiría constituyendo una amenaza ilimitada en el tiempo, hasta que la última gota saliera a la superficie.

— No se ha dicho una palabra acerca de las medidas que Europa va a tomar contra esa Rusia mafiosizada que constituye el mayor peligro –nuclear entre otras cosas– para la geografía europea.

A cambio de un perfecto silencio sobre los únicos aspectos que nos permitirían comprender algo. PP y PSOE llevan ya cinco semanas enredados en la más obscena rebatiña por el voto perdido que se recuerda desde la transición. Daría risa, si no fuera porque su sueldo –incluidos los créditos bancarios que los socialistas no devuelven nunca– lo pagamos nosotros.

En España

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