Tantas ganas teníamos de que se acabara el odioso año capicúa que hasta hemos estado dispuestos unos cuantos millones de españoles a despedirnos de él en compañía de la televisión, y eso que la oferta era como para salir corriendo.
TVE va directa a conservar un público sedente que tiene tres ideas fijas: a la hora de la cena necesita humor, a ser posible en pareja y con muchas referencias a la tele y los famosos. Primero fueron “Martes y Trece” y después “Cruz y Raya” o “Los Morancos”, que por cierto volvieron la semana pasada con algunos “sketches” graciosos. La segunda es que con la copa esperan que caiga el confeti y la serpentina sobre los cantantes que están hartos de ver, y la tercera que quieren oír las campanadas de la Puerta del Sol y no las de su parroquia. Con esto se dan por contentos y la cadena pública salva un año más con una programación apolillada. Este vez TVE tampoco ha querido romper la tradición.
Ante esta realidad tan estimulante, Antena 3 se rinde sin dar batalla. Tira de vídeo con programas de zapeo que piratean un sinfín de cadenas y recopila momentos musicales por si alguien se escapa de las garras de TVE. Esta Nochevieja con “La batidora” salvó las últimas horas del 2002, puso a Antonio Hidalgo un rato en la Puerta del Sol con Mar Saura y después, bajo el título de “003, licencia para bailar”, rescató actuaciones grabadas. Se ve que quieren ahorrar ideas y dinero.
Los de Telecinco, que tienen más iniciativa, aunque sea para mal, este año se han marcado una programación entre la demagogia y el espíritu de empresa que ha introducido novedades. Para promocionar “Gran Hermano” y aprovechar la sensibilidad de los telespectadores ante la catástrofe del “Prestige”, desplazaron a Mercedes Milá a Muxía para que dirigiera una curiosa entrada de año con las sirenas de doce barcos que hicieron de reloj sonoro y reivindicativo a la hora de las uvas. Como si fuera la líder del voluntariado, se sumó al eslogan de Nunca Mais entre conexiones con la casa de Guadalix, donde los concursantes representaban una gala de fin de año horrorosa. Como se suele decir, si no puedes ser elegante, sé al menos extravagante, los de Telecinco optaron por hacer un mix de “reality” y acción solidaria que, si no fuera por las artes maléficas de Mercedes Milá, hubiera sido una chapuza repugnante. Pero, como tiene que privar el lado positivo cuando hay que encarar un año difícil, deseamos que los buenos deseos se cumplan aunque las uvas estén pringadas.

Demagogia y polilla
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