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El PP recupera la ilusión

La Convención Nacional del PP ha devuelto los ánimos a los dirigentes populares. Después de meses difíciles y complicados por errores de principiante, y después de la pésima gestión política en el desastre del Prestige, en la calle Génova respiran aliviados. Aznar ha decidido volver a coger el timón de la nave, hasta nueva orden. El presidente del Gobierno ha retomado la política de gestos que tan buenos resultados le ha dado. Aznar con el anuncio de su aceptación para ir en la candidatura del PP al Ayuntamiento de Bilbao ha retomado su vieja costumbre de coger los toros por los cuernos. Esta actitud, este talante político es el que siempre ha caracterizado a Aznar como presidente. En el PP nadie entendía, y nadie entiende, a un Aznar que se arruga ante los sindicatos, que claudica con las plataformas digitales o que rehuye ponerse las botas para pisar el chapapote. Este gesto de Aznar no corrige los errores del pasado, pero sí que se puede interpretar como el inicio de un cambio en la forma de hacer política.

Los últimos meses del Gobierno apuntaban a que el presidente estaba pensando más en su retirada que en su presente. En los pasillos populares no daban crédito a lo que estaban viendo. Tantos años de oposición, y en poco menos de siete años parecían quemados para el poder. Ciertamente el anuncio de Aznar sólo es un aviso, es un anuncio de intenciones; pero por el momento parece suficiente. Aznar ha conseguido tranquilizar a los suyos, desde este momento tendrá que seguir insistiendo en esta recuperada forma de hacer la política cotidiana.

Con la maquinaria a todo tren, no hay duda de que el Gobierno ha conseguido dejar atrás al Partido Socialista. Con este acelerón el PP ha descolgado a los socialistas, que siguen entretenidos con las historietas de Caldera y de Blanco, con las propuestas de Zapatero y con las Convenciones fantasma. De todas formas, con la experiencia del pasado, tampoco deberían de confiarse los populares. La Convención ha servido para confirmar que han recuperado el pulso político y la ilusión, pero también para evidenciar un defecto congénito: en el PP quién marca el paso es Aznar. Cuando el presidente se bloquea –vease "chapapote"–, todo se para. Y cuando se pone en marcha, todo funciona. En estos momentos Aznar está en forma, pero la pregunta surge de forma inexorable: ¿Qué pasará cuando Aznar deje el poder? Ese es el gran interrogante todavía sin resolver. Por ahora la ilusión la han recuperado. Y eso es bueno.

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