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Solemne ridículo

El Partido Socialista nos ha vuelto a obsequiar con una nueva torpeza. Una vez más, han vuelto a amagar, han vuelto a sugerir; pero, de nuevo, han quedado en evidencia, víctimas de sus propias miserias.

EL PSOE, de la mano de Izquierda Unida, tuvo hace unos días la “brillante” idea de provocar en el Congreso de los Diputados una votación secreta para “facilitar”, según ellos, que los diputados populares pudieran votar en conciencia sobre la posición del Gobierno en la crisis de Irak. ¡Menuda idea! Al que se le haya ocurrido, en una burda copia del Parlamento de Londres, puede ir pensando en dejar esto de la política. Lejos de provocar divisiones internas, lejos de producir disensiones en las filas populares, lo que han conseguido es que el Partido Popular cierre las filas y arrope de forma pública y contundente al presidente Aznar. Y es que antes de esta iniciativa, las críticas y las quejas entre los populares existían; pero ha sido suficiente que el PSOE e IU desplegaran esta “inteligente” estrategia para que el PP recupere una unidad que no se percibía desde hace muchos meses, en el entorno del Gobierno y de la calle Génova. La oposición, con esta ridícula iniciativa, ha conseguido reforzar al Ejecutivo y al Partido Popular.

Pero no acaba aquí la lista de despropósitos del PSOE. Para cerrar esta “jugada maestra”, no se les ha ocurrido otra cosa que “sacar” al portavoz Jesús Caldera a hablar de política internacional. ¡Un espectáculo nunca visto! Teniendo, como tienen, a Manuel Marín como responsable de política internacional, nadie puede entender que Caldera vuelva a la palestra en una cuestión en la que precisamente hace agua por todas partes. Y por si esto no era suficiente, desde el Gobierno el vicepresidente Rajoy ha intervenido en el debate buscando desestabilizar el debate con una buena dosis de provocación parlamentaria. Y desde luego que lo ha conseguido. Jesús Caldera ha tenido una de las tardes parlamentarias más tristes de su trayectoria; y otra vez, como en el Prestige, ha dejado a la vista de todos los muchos defectos de la Oposición.

En resumen, la oposición ha intentado que el Gobierno saliera tocado de la votación secreta, y lo que ha conseguido es exteriorizar un solemne ridículo. La segunda prueba de la semana, el presidente Aznar la ha pasado con nota. Ahora falta el pleno del miércoles. Si vuelve a ganar, el Gobierno podrá respirar tranquilo por una temporada.

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