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La dureza se incorpora al debate

El tercer debate en el Congreso sobra la crisis de Irak nos ha dejado un nuevo enfrentamiento entre el presidente Aznar y el líder socialista Rodríguez Zapatero. Un nuevo enfrentamiento dialéctico que ha permitido al presidente Aznar demostrar que está fuerte y contundente en sus formas y en sus maneras, y que se muestra sólido en el fondo. Mientras que Rodríguez Zapatero, que ha estado mejor que en ocasiones anteriores, ha vuelto a ofrecer la imagen de un líder sin argumentos y víctima de sus propias trampas. Aznar ha vuelto a ser el mejor en el duelo con el secretario general del PSOE. Pero sobre todo, lo que ha conseguido ha sido cerrar una semana complicada, una semana clave que ha servido para cohesionar el partido, para robustecer la imagen de su Gobierno y para ofrecer una imagen de liderazgo interno y de seguridad en sus planteamientos.

Con todo, lo que nos deja este nuevo debate sobra la crisis iraquí es una considerable subida de tono, de dureza en el "cara a cara" entre Aznar y Zapatero. Una dureza que se ha manifestado en los argumentos y en las descalificaciones personales. Aznar y Zapatero se han dicho de todo, con la dureza y la crispación lógica de unas vísperas electorales. Aznar, consciente de que está en el momento clave de su mandato, se ha empleado a fondo; Zapatero, que dice hablar desde la moderación, ha seguido anclado en la pancarta sin argumentos claros y sin soluciones concretas para la crisis. En resumen, con distintos resultados, uno y otro han elevado el tono del debate. Un tono alto y claro. En todo caso, con este nuevo enfrentamiento parlamentario cerramos una etapa más en las repercusiones en la política nacional de la crisis de Irak.

Ahora, a la espera del nuevo informe de los inspectores y de la decisión del Consejo de Seguridad sobre una nueva resolución, se abren unos días de espera. Mientras tanto, Aznar se ha situado claramente en mejor posición que Zapatero. Aznar tiene un claro respaldo de los suyos, se siente fuerte en los argumentos y ha confirmado su liderazgo. Por el momento, la batalla en la política doméstica la lleva ganada; aunque no es momento de confianzas. Pero sí es momento de hacer balance: cuando dejan solo al presidente Aznar, no suele defraudar. Los frenos aparecen desde dentro. Y Aznar, es evidente, ha recuperado la fuerza que le dio la mayoría absoluta, más por los méritos propios que por la ayuda de sus colaboradores.

Ciertamente, el camino actual es el correcto para esta crisis y para cualquier otra que le venga encima. Los resultados así lo indican.

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