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Una decisiva carta política

José María Aznar ha jugado, sin marcha atrás, su gran carta final. El presidente del Gobierno, consciente de que se encuentra en un momento crucial, ha decidido apostar muy fuerte. Si le sale bien colocará a España en el "núcleo duro" de las decisiones. Si los resultados no son lo esperados, siempre cabe un requiebro final que dulcifique la situación. Aznar, en la recta final de su estancia en Moncloa, ha decidido jugar esta carta política definitiva para España y también para su trayectoria. En esta ocasión Aznar ha demostrado su raza de político. Contra viento y marea, el presidente del Gobierno ha tomado una decisión, que está dispuesto a ejecutar hasta sus últimas consecuencias.

Ciertamente, el presidente del Gobierno ha pasado momentos complicados en estas últimas semanas, pero la cohesión del PP y el apoyo del Ejecutivo le ha servido para insistir en su estrategia. Escuchando los piropos que Aznar ha dedicado al partido durante la Ejecutiva de este lunes, se percibe la impresión de que ni el propio presidente se esperaba una respuesta de este calibre por parte de los suyos. Sin duda, el tiempo dirá si la posición adoptada por el Gobierno del PP en esta crisis ha sido la más acertada, pero de lo que ya no hay duda es de que los populares han salido claramente reforzados en su cohesión interna en vísperas de la sucesión y en un momento en el que comenzaban a traslucir algunas turbulencias.

Con todo, el presidente del Gobierno se encuentra en una situación que comienza a presentar síntomas favorables para sus iniciativas. España cuenta internacionalmente en la primera fila de las decisiones, el PP no ofrece fisuras y la oposición, embarcada en el efectismo demagógico, con el paso de los días pierde pie en una crisis en la que no ofrece alternativas serias.

Aznar, que lo ha pasado mal, comienza a ver el final de esta complicada apuesta que, a día de hoy, le coloca más cerca del acierto que del error. El tesón y la constancia del presidente, esta vez, pueden obtener los frutos deseados. Y nadie puede ofrecer dudas de que Aznar ha actuado en todo por momento por convicción, no por interés. Si todo llega a buen puerto, el reconocimiento hacia Aznar deberá ser pleno y total, incluido el de Felipe González. ¡Ahí es nada!

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