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Los "efectos nacionales" de la guerra

Las cosas son como son, y cuando la realidad apunta a que la guerra de Irak está ya en sus últimas horas, es momento para que en España la clase política realice, por el bien de todos, una profunda reflexión.

La oposición ha quedado en evidencia, ha aireado todos sus errores y sus estrategias. El PSOE e IU han remarcado con sus actitudes que en estos últimos meses han firmado una clara alianza, han ido de la mano en toda una operación de acoso al Gobierno. Visto lo visto y escuchado lo escuchado, Zapatero y Llamazares han explicado a todos los ciudadanos su pobreza de discurso, su complicidad en la política y su intencionalidad partidista. Han demostrado, una y otra vez, que para ellos todo vale. Han encendido la calle, para después esconderse detrás de una careta de bondad pobretona cuando la violencia ha llegado a las sedes del PP. Han orquestado campañas, han empuñado pancartas y han lucido pegatinas. ¿Resultado?: pues una política mezquina y obtusa. Una política de aparentes réditos electorales que en las próximas semanas se irá desmoronando de forma estrepitosa.

Por su parte el Gobierno, con el presidente Aznar a la cabeza, ha mostrado desde el primer momento unas convicciones, unas ideas sobre esta crisis que han llevado hasta el final. El PP ha pasado con nota el examen de la unidad, el PP ha salido reforzado en su funcionamiento interno. El Gobierno de Aznar ha dejado el sello de los principios en la forma de hacer política.

¿Errores?: pues que desde las filas populares se ha tardado en reaccionar ante las tremendas agresiones a sus sedes. Les ha faltado un inicial convencimiento en la defensa propia, que con el paso de las semanas han ido rectificando. Segundo error: en los momentos más importantes de la crisis, el Ejecutivo ha vuelto a fallar en la política de comunicación, con poca coordinación interna y con unas formas poco convincentes a la hora de explicar estrategias y directrices.

La política nacional, en resumen, se ha visto considerablemente impactada por la guerra de Irak. El nivel de crispación ha subido muchos grados debido a las artimañas de la oposición. Pero al final, cuando pasen los nervios y las encuestas coyunturales, nos quedan dos cosas: una izquierda radicalizada dispuesta a todo y un Gobierno con convicciones claras y serias, pero con una deficiente política de comunicación.

Ahora que parece que sobre el terreno iraquí comienza a llegar la normalidad, esperemos que ocurra lo mismo en la política nacional. Los ciudadanos no quieren crispación; quieren normalidad, gestión, eficacia y principios de actuación. Y de eso la oposición ha demostrado saber muy poco, más bien nada. Otra vez el PSOE de Zapatero ha perdido la oportunidad de ofrecer una imagen de credibilidad. Algo que no tardarán mucho tiempo, no lo duden, en recoger las encuestas. Aznar ha vuelto a ganar a Zapatero.

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